La tragedia golpeó a una comunidad escolar cuando Niurka Alfonso-Acevedo, una trabajadora ejemplar de la Escuela Primaria Chadwell, fue asesinada por su exmarido en el estacionamiento del colegio. El crimen, que ocurrió en la mañana del lunes antes de la llegada de los estudiantes, ha dejado a su familia devastada y a la ciudad en shock.
Niurka era mucho más que una empleada de limpieza. Para sus hijos, era su pilar. “Ella era mi apoyo, mi aliento, mi fuerza, mi vida”, expresó su hija, Kiomy Martínez-Alfonso, con profunda emoción. La joven relató que su madre siempre estuvo presente en los momentos más difíciles, sosteniéndola a ella y a su hermano con amor incondicional.
El agresor, Cándido Raúl Rubio-Pérez, había sido su esposo durante 24 años. Según la policía, la atacó brutalmente con un arma blanca, tras esperar su llegada a la escuela. Antes de asesinarla, también hirió a otro empleado. Tras el crimen, se dio a la fuga y hasta el momento continúa siendo buscado por las autoridades.
La historia detrás de este hecho revela un ciclo de violencia previa. Martínez-Alfonso contó que su madre fue víctima de agresiones físicas por parte de Rubio-Pérez y que, a finales del año pasado, decidió terminar la relación y expulsarlo de la casa. Sin embargo, él no aceptó la ruptura.
En múltiples ocasiones, intentó contactarla, pidiéndole que retomaran la relación. “Mi madre fue clara. Le dijo que no volverían, que siguiera adelante con su vida”, explicó Kiomy. Lamentablemente, el agresor no aceptó el rechazo. Alfonso-Acevedo estaba en proceso de presentar una orden de restricción contra él, pero no llegó a concretarla a tiempo.
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La comunidad de Chadwell está consternada. A las afueras de la escuela, familiares, amigos, estudiantes y vecinos han dejado flores, mensajes y velas en un altar improvisado. El dolor se respira en cada rincón del recinto escolar, donde Niurka dejó una huella imborrable.
Becky Bullard, subdirectora del Centro de Seguridad Familiar de Nashville, señaló la gravedad de estos casos. “Los abusadores son algunos de los perpetradores más peligrosos en nuestras comunidades. Esta tragedia nos recuerda la urgencia de actuar ante las señales de advertencia”, afirmó.
Mientras tanto, la familia de Niurka lucha por mantenerse fuerte. Kiomy insiste en que no descansará hasta que se haga justicia. “Nada me devolverá a mi mamá, pero él debe pagar por lo que hizo. Mi mamá merece justicia. No podemos permitir que otra mujer sea víctima de esto”.
Se ha creado una página de GoFundMe para apoyar a los hijos de Niurka y costear los gastos del funeral. La comunidad también ha sido invitada a colaborar con el Centro de Seguridad Familiar, una organización que brinda ayuda a víctimas de violencia doméstica.
Quienes necesiten ayuda pueden llamar al 615-880-1100 o visitar el sitio web oficial del centro. La esperanza es que la memoria de Niurka inspire a más personas a alzar la voz y buscar protección a tiempo.