Mark Zuckerberg, el CEO de Meta, ha sido testigo de un fenómeno que probablemente nunca imaginó: sentir celos de su propia creación. A pesar de que la compra de Instagram fue una de las decisiones más inteligentes que hizo, los documentos revelan que, en algunos momentos, Zuckerberg trató a la aplicación como un competidor y no como parte del éxito de su empresa. Esta actitud ha sido un punto clave en el juicio antimonopolio que enfrenta Meta, que defiende su compra de Instagram como un movimiento estratégico que benefició a la competencia y a los consumidores.
Sin embargo, el gobierno estadounidense sostiene que la compra de Instagram fue en realidad un intento de neutralizar a la aplicación como un competidor emergente. Los documentos judiciales revelan que en 2018, Zuckerberg consideró la posibilidad de vender Instagram, pues temía que su crecimiento afectara negativamente a Facebook y provocara la atención de los reguladores antimonopolio. A pesar de que, desde un punto de vista financiero, Instagram podría haber seguido creciendo independientemente, Zuckerberg parecía más preocupado por el impacto que tendría en la red social original.
En un informe de 2020, la periodista Sarah Frier reveló que Zuckerberg se cuestionó si debía anunciar públicamente que Instagram había alcanzado los 1.000 millones de usuarios, ya que la aplicación estaba ganando tanta popularidad que podría eclipsar a Facebook. Un ejecutivo no identificado de Instagram comentó que Meta era como la “hermana mayor que quiere arreglarte para la fiesta, pero no quiere que te veas más bonita que ella”.
Este tipo de comportamiento no es inusual en el ámbito de la competencia, incluso entre empresas. El CEO de Meta, que también ha estado luchando ferozmente contra otras plataformas como TikTok y Snapchat, parece tener una relación ambigua con Instagram. A diferencia de las otras aplicaciones, Instagram es parte de Meta, lo que intensifica el conflicto interno. Durante el juicio de esta semana, Zuckerberg afirmó que era “extremadamente improbable” que Instagram hubiera alcanzado tanto éxito sin la intervención de Meta. Según él, proporcionaron recursos para ayudar a Instagram a crecer, aunque también expresó que su principal objetivo era asegurarse de que la aplicación se desarrollara de la mejor manera posible.
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El profesor emérito Abraham Tesser, experto en psicología de la Universidad de Georgia, explicó que la envidia de Zuckerberg podría basarse en la cercanía que siente hacia Instagram y su éxito, lo que lo hace ver a la plataforma casi como un amigo cercano que está logrando más que él. Según Tesser, las personas tienden a sentir celos de aquellos que están cerca de ellas, que tienen éxito en algo importante y cuando este éxito afecta su propio sentido de identidad.
Por otro lado, W. Gerrod Parrott, psicólogo de la Universidad de Georgetown, añadió que Zuckerberg ve cualquier amenaza a Facebook como un ataque directo hacia él mismo. Esta percepción podría estar alimentando su actitud hacia Instagram, transformando lo que debería ser una celebración del éxito en una fuente de ansiedad y competencia.
Finalmente, la escritora cultural Magdalene J. Taylor comparó la actitud de Zuckerberg hacia Instagram con la de un amante celoso, citando una famosa canción de los años 80: “No olvides que fui yo quien te puso donde estás ahora y también te puedo hacer caer”. Con esta referencia, Taylor resalta cómo la relación entre Zuckerberg e Instagram refleja una dinámica de poder, control y celos.
Por el momento, el juicio continúa, y el futuro de Meta y sus aplicaciones se decidirá en los tribunales. Pero la historia de la relación entre Zuckerberg e Instagram sigue siendo una de las tensiones más intrigantes en el mundo de la tecnología.


































