La histórica elección del cardenal Robert Francis Prevost como el nuevo Papa ha resonado con fuerza en la comunidad católica de Austin, que recibió con alegría y esperanza la noticia del primer pontífice nacido en Estados Unidos.
El jueves 8 de mayo, el humo blanco desde la Capilla Sixtina anunció al mundo la elección del Papa número 267 de la Iglesia Católica Romana. Minutos después, el cardenal Prevost, de 69 años y originario de Chicago, salió al balcón central de la Basílica de San Pedro en Roma y ofreció sus primeras palabras como Papa León XIV: “La paz sea con todos ustedes”.
El padre James Misko, administrador diocesano, expresó la emoción que vive la Iglesia local:
“Es maravilloso saber que Dios no nos ha abandonado”, dijo. “Nos ha enviado un pastor con el corazón del buen pastor, Jesús, para guiar a la Iglesia universal”.
La elección ha sido motivo de orgullo para muchos fieles texanos. Para Misko, se trata de un momento significativo tanto espiritual como culturalmente para los católicos estadounidenses.
“Simplemente un gran sentido de gratitud a Dios por tener un Padre santo y un gran sentido de honor por tenerlo como estadounidense”, expresó con entusiasmo.
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Aunque nacido en Estados Unidos, Prevost desarrolló gran parte de su ministerio pastoral en Perú, donde obtuvo la ciudadanía. Esta experiencia latinoamericana, junto con su formación en Chicago, aporta una visión multicultural que muchos en Austin valoran como necesaria en un Papa moderno.
El nuevo pontífice eligió el nombre de León XIV, en honor a una tradición de papas que defendieron la dignidad humana. El padre Misko recordó que León XIII, último en usar ese nombre, escribió Rerum Novarum, una encíclica pionera sobre justicia social en tiempos de la revolución industrial.
“Fue una voz poderosa a favor de los trabajadores y los derechos humanos”, explicó.
La noticia también despierta expectativa en el ámbito local, ya que el nuevo Papa deberá nombrar al futuro obispo de la Diócesis de Austin, un puesto vacante tras la reorganización eclesiástica reciente.
“Sabíamos que, tras el fallecimiento del Papa Francisco, el proceso tomaría más tiempo. Pero ahora, con León XIV, tenemos esperanza en una pronta designación”, señaló Misko.
Austin, como muchas otras comunidades católicas de Estados Unidos, celebra este momento como un hecho histórico que fortalece su vínculo con la Iglesia universal. Para muchos, la elección de un Papa estadounidense simboliza cercanía, representación y nuevas oportunidades de renovación espiritual.
Con León XIV al timón del Vaticano, los fieles de Austin miran con esperanza hacia el futuro de su diócesis y de toda la Iglesia.