El primer ministro canadiense, Mark Carney, llegó el lunes 5 de mayo a Washington, D.C., para sostener este martes una reunión clave con el presidente estadounidense Donald Trump, en medio de tensiones por la soberanía y el comercio entre ambos países.
Carney fue elegido recientemente bajo la promesa de enfrentar la postura agresiva de Trump, quien ha sugerido convertir a Canadá en el estado número 51 y ha impuesto un arancel del 25% a las importaciones canadienses.
Horas antes de las elecciones, Carney publicó en redes:
“Presidente Trump, no se meta en nuestras elecciones. Los únicos que decidirán el futuro de Canadá son los canadienses en las urnas”.
Trump volvió a calificar la frontera con Canadá como una “línea artificial” y defendió su visión de que ambos territorios formen un solo país. Estas declaraciones han causado alarma política y movilización popular en Canadá.
El lunes, Carney partió desde Ottawa en un avión gubernamental rumbo a Estados Unidos. A su llegada, reiteró que la misión de su gobierno es clara:
“Mi gobierno luchará para conseguir el mejor acuerdo para Canadá”, afirmó.
Durante una conferencia de prensa previa al viaje, Carney adelantó que el encuentro con Trump abordará temas urgentes como las presiones comerciales y los vínculos económicos y de seguridad bilateral.
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La tensión se intensificó desde que Trump retomó la presidencia en enero de 2025. En su nuevo mandato, ha aplicado medidas que afectan directamente a la economía canadiense y ha insistido en una retórica de anexión, que ha sido rechazada por líderes de todo el espectro político canadiense.
El primer ministro subrayó que Canadá nunca cederá su soberanía. En sus palabras:
“Canadá siempre será un país orgulloso, soberano e independiente, y jamás seremos el estado número 51”.
Por su parte, Trump se mostró indiferente ante la visita. El lunes, dijo a periodistas en la Oficina Oval:
“No estoy seguro de por qué Carney quiere verme. Supongo que quiere llegar a un acuerdo”.
La reunión entre ambos mandatarios es vista como un momento decisivo para las relaciones bilaterales y podría marcar el tono de la política comercial y diplomática en los próximos años.
Mientras tanto, la opinión pública canadiense sigue de cerca el desarrollo del encuentro, en un clima de preocupación nacional por la independencia y el rol de Canadá en el escenario global.