El lunes 26 de mayo, el presidente Donald Trump intensificó su confrontación con la Universidad de Harvard al amenazar con redirigir 3,000 millones de dólares en subvenciones federales a escuelas de oficios, como parte de una ofensiva contra lo que califica como antisemitismo en el campus.
La medida llega tras una congelación anterior de 2,200 millones de dólares en subvenciones federales a la universidad. “Harvard tiene gran responsabilidad por la desaparición de la educación en Estados Unidos y su sustitución por propaganda”, declaró Alan Dershowitz, profesor emérito de la Facultad de Derecho de Harvard, al referirse al contexto más amplio del conflicto.
En abril, el rector de Harvard, Alan Garber, reconoció públicamente la existencia de antisemitismo en la institución. “En Harvard, tenemos un verdadero problema con el antisemitismo. Lo tomamos muy en serio”, afirmó en una entrevista con NBC.
El presidente también ha exigido que Harvard proporcione una lista de todos sus estudiantes extranjeros. El domingo, escribió en Truth Social: “Aún estamos esperando las listas de estudiantes extranjeros de Harvard para que podamos determinar […] cuántos lunáticos radicalizados […] no deberían ser dejados regresar a nuestro país.”
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El lunes, Trump reiteró sus preocupaciones respecto al porcentaje de estudiantes internacionales en Harvard, el cual asciende al 31%. “Queremos saber quiénes son”, dijo a la prensa. “No voy a tener ningún problema con los estudiantes extranjeros, pero no debería ser el 31%”.
Como consecuencia de la demora de Harvard en entregar esta información, el Departamento de Seguridad Nacional revocó la autorización de la universidad para admitir estudiantes internacionales. Sin embargo, esta decisión fue bloqueada temporalmente por un juez federal designado durante la administración Obama, dejando la situación en pausa.
En respuesta, estudiantes internacionales han expresado su incertidumbre. Abdullah Shahid Sial, estudiante de Harvard, comentó: “Es como si nos estuvieran utilizando como fichas de póquer […] sin reconocer que también tenemos vidas e historias propias”.
El viernes pasado, el presidente Garber dirigió una carta a la comunidad universitaria defendiendo la postura institucional. “Por nuestra negativa a renunciar a nuestra independencia académica y a someternos a la afirmación ilegal del control del gobierno federal sobre nuestro currículo, nuestro profesorado y nuestro alumnado”, escribió.
El conflicto entre la administración Trump y Harvard sigue en evolución, con implicancias legales y políticas aún por resolverse. La amenaza de redirigir fondos podría afectar no solo a la universidad, sino también al futuro de miles de estudiantes.


































