En un hecho sin precedentes que ha sacudido el panorama geopolítico mundial, las últimas semanas han estado marcadas por intensos ataques contra las instalaciones nucleares de Irán, liderados primero por Israel y posteriormente por Estados Unidos. Estos acontecimientos representan un punto de inflexión en la ya tensa relación entre Occidente e Irán, con consecuencias que apenas comienzan a vislumbrarse.
El pasado 13 de junio de 2025, Israel ejecutó la operación Rising Lion, una ofensiva militar a gran escala que impactó más de 100 objetivos estratégicos dentro de Irán, incluidas importantes instalaciones nucleares como Natanz, uno de los principales centros del programa atómico iraní. Según diversos medios internacionales, esta operación habría contado con apoyo de inteligencia estadounidense, lo que refleja la estrecha coordinación entre ambos aliados.
Apenas nueve días después, el 22 de junio, Estados Unidos lanzó su propia ofensiva denominada Operation Midnight Hammer, en lo que ha sido catalogado por el Pentágono como la mayor operación aérea con bombarderos furtivos B-2 de su historia. En total, participaron siete bombarderos B-2, acompañados de más de 125 aeronaves de apoyo y el despliegue de al menos 75 armas de precisión.
El ataque estadounidense tuvo como blanco principal las instalaciones nucleares más protegidas de Irán, incluidas las de Fordow y Natanz, donde se arrojaron potentes bombas penetradoras del tipo GBU-57, diseñadas para destruir estructuras subterráneas reforzadas. Además, misiles de crucero Tomahawk impactaron un complejo en Isfahán, otro de los pilares del programa nuclear iraní.
De acuerdo con cifras difundidas por la agencia Reuters y otros medios internacionales, se estima que estos ataques dejaron al menos 430 muertos y 3 500 heridos en territorio iraní. Por su parte, Israel también ha registrado consecuencias humanas, con 24 fallecidos y más de 1 200 heridos, en el marco de los enfrentamientos derivados de esta escalada bélica.
Desde Washington, el Pentágono confirmó el uso intensivo de su flota de bombarderos B-2, destacando la complejidad y precisión de la operación, la cual, aseguran, fue diseñada para minimizar víctimas civiles y centrarse en neutralizar la capacidad nuclear iraní.
Estos ataques han encendido las alarmas a nivel mundial, con llamados a la contención por parte de la ONU y potencias europeas. Sin embargo, queda claro que la confrontación entre Irán, Israel y Estados Unidos ha alcanzado un nivel de gravedad sin precedentes, cuyas consecuencias aún están por escribirse.
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