El pasado 5 de julio de 2025, la ciudad de Leander vivió una de las peores inundaciones de su historia reciente. Lo que empezó como una fuerte tormenta durante el fin de semana del Día de la Independencia se transformó en una emergencia cuando las lluvias intensas desbordaron arroyos y afluentes en todo el norte del condado. Muchas familias se vieron sorprendidas por el nivel del agua, ya que la zona carece de un sistema de alerta local eficiente que les advirtiera con anticipación.
Las lluvias comenzaron a intensificarse en la madrugada, y para cuando amaneció, ya había comunidades aisladas, vehículos arrastrados por la corriente y viviendas completamente anegadas. En algunos sectores, como Nameless Road, los residentes apenas tuvieron tiempo de reaccionar. Algunos lograron salvarse subiéndose a los techos, mientras que otros, como una familia local cuya casa fue invadida por el agua hasta el pecho, apenas lograron salir con vida.
Los equipos de emergencia actuaron rápidamente, aunque la magnitud del desastre superó las capacidades iniciales de respuesta. Se llevaron a cabo decenas de rescates acuáticos y evacuaciones. Se habilitaron albergues temporales y centros de ayuda comunitaria, donde voluntarios y organizaciones locales ofrecieron alimentos, atención médica y apoyo emocional. A pesar de los esfuerzos, se reportaron varias muertes y personas desaparecidas.
Más allá de Leander, otras regiones del centro de Texas también sufrieron daños considerables. A nivel estatal, las autoridades reportaron un alto número de víctimas y pérdidas materiales, lo que motivó una respuesta rápida tanto del gobierno estatal como federal. Se declaró el estado de desastre y se activaron recursos de emergencia para atender la crisis y comenzar con las labores de recuperación.
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El evento también dejó al descubierto serias deficiencias en los sistemas de prevención y respuesta ante emergencias en la región. La falta de personal especializado, de sirenas comunitarias y de canales efectivos de comunicación dificultó que muchos residentes pudieran reaccionar a tiempo. En Leander, las autoridades locales manifestaron su frustración por la lentitud en el apoyo inicial por parte del condado, especialmente en el envío de equipos de rescate y apoyo logístico.
A pesar del impacto, la comunidad respondió con una notable solidaridad. Vecinos, iglesias y voluntarios se movilizaron desde el primer momento para ayudar a quienes lo perdieron todo. Esa fuerza colectiva se convirtió en el motor que permitió a Leander comenzar su camino de recuperación, demostrando que, incluso frente a la adversidad, la unión puede marcar la diferencia.
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