La batalla por el rediseño de los distritos del Congreso en Texas alcanzó un punto crítico este miércoles, cuando legisladores republicanos presentaron oficialmente la propuesta del nuevo mapa. El diseño, de ser aprobado, proyecta una ganancia de cinco escaños para el Partido Republicano (GOP) en el Congreso de EE. UU., en una medida impulsada originalmente por el presidente Donald Trump.
El mapa fue presentado por el representante estatal Todd Hunter. La propuesta reconfigura drásticamente la región del centro de Texas, utilizando una táctica que los opositores califican de “cracking” (fractura). El Condado de Travis, un bastión demócrata donde se encuentra Austin, sería dividido en cuatro distritos congresionales diferentes, diluyendo el poder de sus votantes. El vecino Condado de Williamson también sería dividido en tres.
Los republicanos defienden la propuesta, argumentando que es una respuesta necesaria a las “preocupaciones constitucionales” planteadas por el Departamento de Justicia en julio sobre el mapa actual. Afirman que su diseño es “justo y legal” y cumple con todos los requisitos de la ley.
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La reacción de los demócratas fue inmediata y contundente. El congresista Greg Casar emitió un comunicado en el que calificó el mapa de “supresión ilegal de votantes” afroamericanos y latinos. Según Casar, la fusión de dos distritos del centro de Texas es un “crimen contra los votantes de Texas” y una violación de la histórica Ley de Derecho al Voto de 1965. Advirtió que si el plan avanza, la táctica podría extenderse por todo el país.
La presentación de este mapa es solo el primer paso. Ahora la propuesta se enfrentará a un polémico proceso de audiencias y votaciones en ambas cámaras de la legislatura de Texas, donde ya se han vivido momentos de gran frustración entre legisladores y líderes comunitarios.