Un tribunal federal sentenció a Brandon Russell, fundador de un grupo neonazi, a 20 años de prisión por conspirar para sabotear la red eléctrica de Baltimore. Según la Fiscalía de Maryland, Russell, de 30 años, planeó ataques contra varias subestaciones eléctricas para desatar cortes masivos de energía. El juez James Bredar impuso la pena máxima permitida por ley. Su cómplice, Sarah Beth Clendaniel, ya había recibido una condena de 18 años. Ambos buscaban promover una ideología de supremacía blanca que buscaba colapsar la sociedad estadounidense.
Por otro lado, los fiscales destacaron la peligrosidad del complot liderado por Russell. Entre noviembre de 2022 y su arresto en febrero de 2023, él diseñó un plan para atacar cinco transformadores simultáneamente. Este acto habría causado daños superiores a 75 millones de dólares y afectado a miles de personas. La fiscal Kelly Hayes afirmó que el odio impulsó sus acciones. Además, Russell fue vinculado al grupo Atomwaffen Division, conocido por su extremismo violento. Su historial incluye una condena previa por posesión de explosivos en Florida.
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Sin embargo, la defensa argumentó que Russell merecía una sentencia menor. Su abogado, Ian J. Goldstein, señaló que Clendaniel tenía mayor responsabilidad en el complot. También criticó la vigilancia sin orden judicial que llevó a su arresto, asegurando que violaba derechos constitucionales. “Presentaremos una apelación inmediata”, declaró Goldstein al New York Times. Según él, existen cuestiones legales pendientes sobre la recolección de pruebas cifradas contra Russell mientras estaba bajo libertad supervisada.
Finalmente, este caso refuerza las preocupaciones sobre grupos extremistas en Estados Unidos. El Southern Poverty Law Center ha monitoreado a Atomwaffen Division durante años debido a su historial de violencia. Un informante clave ayudó al FBI a identificar mensajes cifrados relacionados con el complot. Las autoridades advierten que estos grupos buscan explotar infraestructuras críticas para sembrar el caos. Mientras tanto, la sentencia de Russell envía un mensaje claro contra el terrorismo doméstico.