El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, anunció el nombramiento de Karla Trigueros como nueva ministra de Educación. Es la primera vez en medio siglo que una militar lidera esta cartera en el país centroamericano. Trigueros, quien es médica y capitana de la Fuerza Armada, asesoró el comando militar encargado de distribuir vacunas durante la pandemia de covid-19. Según Bukele, su elección responde a su capacidad y liderazgo para “impulsar una transformación profunda” en el sistema educativo.

Por otro lado, este nombramiento ocurre en medio de una reestructuración del ministerio. En 2024, Bukele ordenó eliminar todo rastro del enfoque de género en libros y guías escolares. Además, más de 70 escuelas públicas han sido cerradas, lo que ha generado críticas por parte de opositores. Estos afirman que se trata de un plan para controlar la educación y marginar a las clases más pobres. Sin embargo, Bukele asegura que los cierres obedecen al mal estado de las infraestructuras y a un proyecto de reunificación de núcleos escolares.
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Además, Bukele enfrenta desafíos en su gestión educativa. En octubre pasado, docenas de maestros fueron despedidos, incluida Idalia Zúniga, líder del Frente Magisterial Salvadoreño. Las razones oficiales apuntan a problemas presupuestarios y salariales. A pesar de estas tensiones, el mandatario mantiene alta popularidad gracias a su lucha contra las pandillas, que redujo significativamente la violencia criminal. También anunció un ambicioso plan de construcción de escuelas con mano de obra de pandilleros presos en el CECOT. Este sería el mayor gasto en educación en la historia del país, aunque aún no hay resultados concretos ni detalles sobre su implementación.
El nombramiento de Trigueros marca un cambio radical en la política educativa salvadoreña. Para Bukele, romper paradigmas es clave para construir un mejor futuro. No obstante, sus detractores ven con recelo esta medida, temiendo que militarice aún más el sector. Con vía libre para la reelección indefinida, Bukele sigue consolidando su influencia en todas las áreas del Estado. La educación no es la excepción. Ahora, queda por ver si este enfoque logrará mejorar un sistema que lleva décadas en crisis.


































