El gasto del consumidor en Estados Unidos registró en julio su mayor avance en cuatro meses, según datos del Departamento de Comercio. El consumo, que representa más de dos tercios de la actividad económica, aumentó 0,5% en comparación con junio. Este repunte se vio impulsado principalmente por las compras de vehículos, artículos recreativos, ropa, calzado y electrodomésticos, aunque el gasto en energía y gasolina disminuyó.
Además, el informe detalló que el gasto en bienes aumentó 0,8%, mientras que los servicios crecieron 0,4%, destacando atención médica, seguros y vivienda. Sin embargo, el gasto en restaurantes, bares y hospedaje mostró una caída. El crecimiento del consumo estuvo respaldado por un sólido aumento de salarios de 0,6%, pese a que las empresas se mostraron cautas en la contratación debido al impacto de los aranceles.
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Por otra parte, la inflación en el sector servicios continúa elevada, lo que genera dudas en torno a la política de la Reserva Federal. Economistas como Joseph Brusuelas consideran que la Fed enfrenta un desafío en septiembre, aunque esperan un recorte de tasas de 25 puntos básicos. La última declaración del presidente Jerome Powell apuntó a un posible alivio monetario, pese a que reconoció riesgos persistentes en el mercado laboral.
En este contexto, las perspectivas del empleo reflejan una desaceleración: la creación de puestos promedió 35.000 al mes en los últimos tres meses. Esto contrasta con los 123.000 empleos mensuales del mismo período en 2024. Aun así, el bajo número de despidos mantiene cierta estabilidad en el ingreso de los hogares. Con todo, la combinación de consumo fuerte, inflación de servicios y un mercado laboral más débil dibuja un escenario complejo para la Reserva Federal.


































