Un nuevo informe de Naciones Unidas expone la magnitud de la crisis mundial del agua. Más de 2,000 millones de personas siguen sin acceso a agua potable gestionada de manera segura. La cifra equivale a una de cada cuatro personas en el planeta, según datos correspondientes al año 2024. Además, más de 100 millones de individuos dependen únicamente de fuentes superficiales como ríos, estanques y canales.

Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef alertaron que el retraso en los programas de agua, saneamiento e higiene (WASH) incrementa los riesgos sanitarios. En un análisis conjunto, ambas agencias advirtieron que el objetivo de lograr acceso universal al agua para 2030 se aleja cada vez más. La falta de avances en infraestructura y financiamiento coloca a millones de personas en situación de vulnerabilidad frente a enfermedades evitables.
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Por otra parte, expertos recalcan que la carencia de agua potable tiene consecuencias graves en la infancia, la educación y la productividad de las comunidades. Sin servicios básicos, los niños enfrentan un mayor riesgo de diarreas, infecciones y desnutrición, mientras que mujeres y adolescentes dedican horas al traslado de agua. La ONU subraya que el impacto económico de esta crisis también frena el desarrollo en países de ingresos bajos y medios.
Ante este panorama, la OMS reiteró que el agua y el saneamiento deben ser reconocidos como derechos humanos fundamentales. “Debemos acelerar nuestras acciones, en particular para las comunidades más marginadas”, declaró Rüdiger Krech, director de Medio Ambiente y Cambio Climático de la organización. Con este llamado, Naciones Unidas exhorta a los gobiernos a invertir en soluciones sostenibles y garantizar que el acceso al agua no sea un privilegio, sino una realidad para todos.


































