La costa de Massachusetts fue escenario de un descubrimiento poco común: dos langostas americanas con caparazón azul intenso capturadas en semanas consecutivas. Según expertos, la probabilidad de hallar un ejemplar con esta mutación genética es de una en dos millones. La rareza despertó gran interés en la comunidad científica, que destacó tanto su atractivo visual como su relevancia biológica.
Además, el primer ejemplar fue encontrado en Salem por el pescador Brad Myslinski y donado a la Universidad de Northeastern. Allí fue bautizado como Neptune y se incorporó a un acuario educativo. Los investigadores explicaron que el color proviene de un exceso de crustacianina, proteína que altera la pigmentación normal de la especie. Mientras la mayoría de las langostas presenta tonos marrones para camuflaje, Neptune destaca con un azul eléctrico.
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Por otra parte, un segundo pescador capturó semanas después otro ejemplar azul en la costa de Massachusetts. El animal, de unos nueve años y medio kilo de peso, fue entregado a la Universidad de Massachusetts Dartmouth. Actualmente se exhibe en un acuario destinado a estudiantes y visitantes, como recurso pedagógico sobre biodiversidad marina. Los especialistas remarcan que estos hallazgos ofrecen una oportunidad única para divulgar ciencia y acercar al público a la genética animal.
El valor de estas capturas no se limita a lo visual, pues también refuerza la investigación sobre mutaciones en especies marinas. Científicos señalan que la supervivencia de langostas azules hasta la adultez es poco frecuente debido a su alta visibilidad para depredadores. El aumento de cangrejos azules en Nueva Inglaterra, impulsado por el cambio climático, incrementa aún más ese riesgo. Documentar estos ejemplares vivos permite estudiar la interacción entre genética, ecología y ambiente, consolidando a las universidades de la región como referentes en educación y conservación.


































