El informe de empleo de julio encendió las alarmas en la economía de Estados Unidos. La tasa de desempleo subió al 4,2%, mientras que solo se crearon 73.000 nuevos empleos. Esta cifra está muy por debajo de los 100.000 puestos que preveían los analistas. Además, los datos de mayo y junio fueron corregidos a la baja en más de 250.000 empleos.
Asimismo, los expertos señalan señales mixtas. Por un lado, algunos indicadores reflejan estabilidad y consumo interno firme. Por otro, empresas como Chipotle y Procter & Gamble detectan que muchos clientes gastan menos. El alza de precios, sumado a la inseguridad laboral, ha golpeado especialmente a los consumidores jóvenes y de menores ingresos.
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Por otro lado, la dinámica del mercado laboral está cambiando. La necesidad de crear miles de empleos por mes ha disminuido debido a cambios migratorios y demográficos. Investigadores explican que, mientras antes se necesitaban 166.000 empleos mensuales para mantener la estabilidad, ahora bastan 86.000. La disminución en la inmigración, el envejecimiento poblacional y el retiro masivo de trabajadores mayores explican esta nueva realidad.
Finalmente, las políticas públicas también generan incertidumbre. Los aranceles, las restricciones migratorias y una nueva ley fiscal podrían alterar el mercado laboral. Aunque algunos indicadores se han mantenido estables, los expertos no descartan cambios abruptos. Según Jonathan Pingle, del banco UBS, el país está en una encrucijada. Mientras tanto, el debate sobre la salud real de la economía sigue abierto.


































