En el marco de la reciente tragedia en Minneapolis, donde un tiroteo en una escuela católica causó la muerte de dos niños e hirió a otros 17, el país ha vuelto a sumirse en un intenso debate sobre la violencia armada, la salud mental y el papel de la fe en la respuesta a la tragedia. El autor del ataque, identificado como Robin Westman, de 23 años, se suicidó en el lugar. Las autoridades federales han confirmado que el sospechoso, quien afirmaba ser transgénero, había publicado un manifiesto en YouTube antes del tiroteo.
Las reacciones han sido diversas y han dividido al espectro político. El presidente Donald Trump honró a las víctimas ordenando que las banderas ondeen a media asta, mientras que el vicepresidente JD Vance criticó duramente a los demócratas por “atacar la idea de la oración en respuesta a una tragedia”. La secretaria de Homeland Security, Kristi Noem, identificó al sospechoso como transgénero y citó las inscripciones de su munición, que incluían amenazas contra el presidente Trump. Por su parte, el secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., anunció estudios para determinar si hay un vínculo entre los medicamentos psiquiátricos, como los SSRI, y la violencia.
A nivel local, el gobernador demócrata de Minnesota, Tim Walz, expresó su dolor por el incidente, mientras que el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, instó a la gente a no limitarse a “pensamientos y oraciones”, y pidió que no se utilice la tragedia para demonizar a la comunidad transgénero.
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El Congreso también se ha convertido en un escenario de confrontación. Mientras el líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, pedía acciones para detener la violencia armada, el senador Chris Murphy acusaba a los republicanos de debilitar las leyes sobre armas. Las reacciones de los congresistas reflejaron las profundas divisiones: Marjorie Taylor Greene propuso guardias armados en las escuelas y el fin de la “transición de menores”, mientras que Jasmine Crockett lamentó que “la violencia con armas de fuego no tiene cabida en nuestras escuelas, iglesias ni comunidades”.
Incluso los ex presidentes se pronunciaron. Joe Biden y Jill Biden se declararon “desconsolados” ante la pérdida de los niños, Barack Obama y Michelle Obama recordaron que “no podemos permitirnos volvernos insensibles” a estos tiroteos masivos, y Bill Clinton lamentó que el inicio del año escolar se convierta en un recordatorio de la epidemia de violencia armada que el país no ha logrado erradicar.


































