El Bella 1, un petrolero de enormes dimensiones que supera en tamaño a cualquier patrullero de la Guardia Costera, protagonizó un incidente inusual al rechazar una orden de abordaje y alejarse de las costas venezolanas a máxima velocidad. Tras cinco días de seguimiento, la situación ha escalado: el ejército estadounidense ha movilizado a un Equipo de Respuesta Especial Marítima (MSRT), una unidad de élite entrenada para tomar el control de embarcaciones hostiles bajo condiciones extremas. A diferencia de las incautaciones anteriores, donde las tripulaciones cooperaron, el Bella 1 parece estar siguiendo instrucciones directas para resistir, lo que prepara el escenario para una intervención táctica con helicópteros y disparos de advertencia.
La inteligencia estadounidense y empresas de monitoreo como Kpler han identificado al Bella 1 como un actor clave en la red de comercio paralelo de crudo. El buque emplea tácticas clásicas de la “flota fantasma”: apaga sus transpondedores durante meses, realiza transferencias de petróleo entre barcos en medio del océano para borrar el rastro del origen y ha navegado bajo la bandera de Guyana, una identidad que las autoridades de ese país han desmentido oficialmente. Este comportamiento busca evadir las sanciones que pesan sobre el petróleo iraní y venezolano, recursos que, según el Departamento del Tesoro, financian a grupos designados como terroristas, incluidos Hezbollah y los rebeldes hutíes.
Esta persecución es el punto más álgido de la política de presión del gobierno de Donald Trump, quien ha implementado una suerte de cuarentena naval para asfixiar los ingresos del gobierno de Nicolás Maduro. Mientras Washington justifica estas acciones como una lucha frontal contra el narcotráfico y el terrorismo internacional, desde Caracas se denuncia una campaña de “piratería naval” destinada a confiscar recursos soberanos. La tensión aumenta ante la posibilidad de que Irán responda a estas incautaciones en alta mar, una práctica que en el pasado ha desencadenado represalias directas contra buques occidentales en el Estrecho de Ormuz, convirtiendo este evento en un polvorín diplomático.
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Expertos navales señalan que, aunque el Bella 1 intenta huir, su baja velocidad lo convierte en un objetivo inevitable frente a la superioridad tecnológica de EE. UU. El plan de abordaje implica no solo fuerzas especiales, sino también el despliegue de capitanes civiles experimentados capaces de maniobrar un buque que equivale a tres campos de fútbol de largo. Legalmente, Estados Unidos se ampara en órdenes judiciales para desarticular flotas que violan embargos internacionales. De consolidarse la captura, el petróleo sería escoltado a puertos como Galveston, Texas, para su descarga y posterior decomiso, siguiendo el precedente del buque Centuries, incautado la semana pasada con casi dos millones de barriles.