La inteligencia artificial no afectará a todos los trabajadores por igual. Según un informe reciente de Sam Manning (GovAI) y Mark Muro (Brookings Metro), la clave para sobrevivir a la automatización no es solo cuánto puede hacer la IA tu trabajo, sino qué tan fácil te resultará encontrar uno nuevo. Los investigadores analizaron la intersección entre la exposición a la IA y la capacidad adaptativa de los empleados, descubriendo que unos 6 millones de estadounidenses se encuentran en una zona de “alto riesgo” debido a la falta de habilidades transferibles o redes profesionales sólidas.
El estudio destaca una disparidad fascinante: los analistas financieros y los auxiliares de oficina tienen niveles similares de exposición a la IA, pero sus destinos podrían ser opuestos. Mientras que los analistas cuentan con una capacidad de adaptación del 99% —gracias a sus títulos avanzados y redes de contactos—, los oficinistas apenas alcanzan un 22%. Esta brecha sugiere que la IA no causará un desempleo masivo inmediato, sino que profundizará las desigualdades existentes, afectando principalmente a mujeres en roles administrativos y a trabajadores en ciudades pequeñas del Medio Oeste y la zona de las Montañas Rocosas, donde las opciones de reubicación laboral son limitadas.
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Entre las profesiones con mayor capacidad para “capear el temporal” se encuentran los diseñadores de interfaces digitales, gerentes de marketing, analistas de seguridad de la información y científicos de materiales. Por el contrario, los empleos con menor capacidad de reacción incluyen a secretarios legales, preparadores de impuestos, intérpretes y agentes de seguros. Los investigadores advierten que la velocidad de adopción será el factor determinante; una transición lenta permitiría el reentrenamiento, pero un cambio súbito podría dejar a millones sin sustento antes de que las políticas públicas puedan reaccionar.
Finalmente, el informe insta a los legisladores a abandonar el enfoque de “dejar hacer” (laissez-faire). Manning y Muro sugieren que el gobierno debe asumir la carga de equilibrar los beneficios de la IA con la protección del trabajador, ofreciendo desde programas de nuevas habilidades hasta asistencia para la reubicación geográfica. “La proactividad es mejor que intentar ponerse al día”, afirma Muro, subrayando que ignorar estas bolsas de vulnerabilidad podría alimentar la agitación social en una economía que se automatiza a pasos agigantados.


































