La economía de los Estados Unidos entra al 2026 operando a dos velocidades. Por un lado, los datos macroeconómicos muestran una resiliencia sorprendente: el PIB creció a una tasa anual del 4.4% en el tercer trimestre de 2025, superando las expectativas y consolidando el mayor avance en dos años. Este impulso ha sido alimentado principalmente por un gasto sólido de los hogares de altos ingresos y un auge en la inversión tecnológica vinculada a la inteligencia artificial. Sin embargo, detrás de estas cifras positivas se esconde una creciente fatiga en el consumo de las clases media y baja, quienes lidian con una inflación estancada cerca del 2.8% y un mercado laboral que ha frenado su ritmo de contratación de forma drástica.
El mercado laboral presenta una paradoja de “bajo nivel de contratación y bajo nivel de despidos”. Mientras que la tasa de desempleo se mantiene estable en el 4.4%, la creación de empleo fuera del sector salud y asistencia social se ha estancado. Desde marzo de 2025, el promedio de empleos añadidos ha sido de apenas 28,000 mensuales, lo que genera un sentimiento de cautela tanto en empleadores como en trabajadores. Esta parálisis laboral está limitando el crecimiento de los salarios reales, obligando a millones de hogares a financiar su costo de vida mediante el crédito. De hecho, el 61% de los consumidores con tarjetas de crédito arrastra saldos de deuda por más de un año, un indicador crítico de estrés financiero.
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La capacidad de ahorro de los estadounidenses ha sufrido una erosión constante a lo largo del último año. La tasa de ahorro personal cayó al 3.5% en noviembre, una cifra significativamente menor al 5.5% registrado apenas seis meses antes. Este declive sugiere que el “colchón” de liquidez acumulado durante años anteriores se ha agotado para gran parte de la población. La incertidumbre política también juega un papel clave: el mercado está a la espera de una decisión de la Corte Suprema sobre la legalidad de los aranceles masivos impuestos por la administración Trump, una medida que, de mantenerse, podría añadir presiones inflacionarias adicionales en la primera mitad de 2026.
De cara al futuro inmediato, la Reserva Federal se encuentra bajo una presión política sin precedentes para recortar las tasas de interés. Aunque el presidente de la Fed, Jerome Powell, ha mantenido una postura cautelosa debido a que la inflación aún no alcanza la meta del 2%, las proyecciones para 2026 sugieren que el crecimiento podría moderarse hacia un 2.2% – 2.5%. El éxito de la economía en este nuevo año dependerá de si el aumento en la productividad impulsado por la IA puede compensar los riesgos de una guerra comercial a gran escala y la volatilidad de los precios de la energía derivados de las tensiones geopolíticas actuales en regiones como Groenlandia y Venezuela.


































