El centro de Texas enfrenta una situación de “polvorín” tras un fin de semana de calor intenso y sequedad que alimentó múltiples incendios en la región. El incidente más grave se registró en la línea divisoria entre los condados de Gillespie y Blanco, donde un incendio forestal consumió 175 acres. Paralelamente, el lunes se reportó el incendio de Barons Creek cerca de Fredericksburg, que calcinó 40 acres y destruyó una estructura. Aunque las dotaciones de bomberos en Johnson City y Mustang Ridge lograron contener focos menores sin que se reportaran heridos, la vigilancia sigue siendo máxima.
La combinación de factores climáticos ha creado el escenario perfecto para la propagación del fuego. Sean Doerre, portavoz de Fredericksburg Fire EMS, explicó que la hierba que creció abundantemente durante el verano se congeló durante las heladas recientes, convirtiéndose en un “combustible muerto” extremadamente seco. Este material, sumado a la baja humedad y las temperaturas cálidas de los últimos días, permite que cualquier chispa se transforme en un incendio de gran magnitud en cuestión de minutos, como ocurrió con una quema prescrita que se salió de control en el condado de Burnet.
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De acuerdo con el Servicio Forestal de Texas A&M, se espera que el riesgo general de incendios disminuya levemente en los próximos días; sin embargo, esta calma es engañosa. Laura Stevens, oficial de información del servicio, advirtió que los próximos frentes fríos podrían ser contraproducentes. Si bien traen un descenso en el termómetro, vienen acompañados de fuertes ráfagas de viento que pueden desplazar las llamas con una velocidad impredecible, dificultando las tareas de contención de los brigadistas.
Ante este panorama, las autoridades estatales urgen a la población a respetar estrictamente las prohibiciones de quema (burn bans) vigentes. Se recomienda evitar cualquier actividad que genere chispas al aire libre, como el uso de maquinaria pesada en pastizales secos o el uso de cadenas sueltas en remolques que puedan rozar el pavimento. La recomendación final es clara: ante el menor avistamiento de humo, la ciudadanía debe llamar inmediatamente al 911, ya que la rapidez en la respuesta es el único factor que hoy evita una tragedia mayor.