La desaparición de Nancy Guthrie, de 84 años, se ha convertido en uno de los casos más complejos para las autoridades de Tucson, movilizando a agencias locales y federales en una carrera contra el tiempo. La evidencia más sólida hasta el momento es un video de vigilancia que muestra a un sospechoso enmascarado, de aproximadamente 1.78 metros de estatura, merodeando la entrada de la casa la madrugada del 1 de febrero. Los investigadores han puesto especial atención en la mochila Ozark Trail que portaba el individuo y en un anillo que parece llevar en una de sus manos, detalles que podrían ser cruciales para identificar al responsable mediante registros de compras recientes en grandes almacenes.
A pesar de haber recuperado un guante con material genético a dos millas de la residencia, el Departamento de Policía de Pima sufrió un revés cuando el perfil de ADN no coincidió con ningún registro en el sistema nacional CODIS. Ante este vacío en las bases de datos criminales, el FBI ha comenzado a implementar la genealogía genética, una técnica avanzada que rastrea árboles genealógicos en bases de datos públicas para identificar al sospechoso a través de sus parientes. Esta vía científica es la mayor esperanza para ponerle nombre al rostro oculto tras el pasamontañas, mientras los laboratorios forenses procesan muestras adicionales encontradas dentro de la vivienda de la víctima.
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Otro aspecto innovador de esta investigación es el uso de tecnología aérea para detectar señales de Bluetooth emitidas por el marcapasos de Nancy. Dado que el dispositivo perdió su conexión habitual con el teléfono celular a las 2:28 a.m., los helicópteros equipados con sensores de alta sensibilidad buscan captar cualquier “latido electrónico” que indique su ubicación en áreas remotas o estructuras ocultas. Esta estrategia se complementa con el apoyo de Google para recuperar grabaciones de las cámaras internas de la casa que no fueron almacenadas en la nube, una tarea técnica difícil pero necesaria para entender qué ocurrió exactamente en los minutos previos al secuestro.
En el ámbito político y social, el caso ha escalado hasta la Casa Blanca, con declaraciones del presidente Donald Trump expresando su condena y apoyo a las autoridades locales. Mientras tanto, la familia Guthrie ha sido oficialmente exonerada de cualquier sospecha, permitiéndoles enfocar sus esfuerzos en peticiones públicas desesperadas por el regreso de su madre. Con una recompensa federal que ya alcanza los 100,000 dólares, la presión aumenta sobre los captores, mientras el Sheriff Chris Nanos mantiene su postura de no considerar el caso como una búsqueda de restos, sino como una misión activa para traer a Nancy a casa sana y salva.
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