La necedad de Donald Trump al parecer no tiene limites. Ya no por algo que dice, ni por decretos que firma, sino por aparecer en la Corte Suprema para defender una de sus barbaridades. Sin duda un momento para los libros de historia.
Trump llegó en su limusina presidencial acompañado de la Fiscal General Pam Bondi para presenciar los argumentos del caso sobre la ciudadanía por nacimiento, ese derecho constitucional que garantiza la ciudadanía a todo niño nacido en suelo estadounidense, sin importar el estatus migratorio de los padres y que Trump quiere eliminar con una orden ejecutiva que firmó el primer día de su segundo mandato.
Sentado en la primera fila de la galería pública, observó en silencio a los mismos jueces que ha atacado casi a diario desde que fallaron en contra de su agenda arancelaria en febrero. Porque Trump, cuando no le gusta lo que dice la justicia, tiene su propio tribunal: Truth Social.
“¡Somos el único país del mundo lo suficientemente ESTÚPIDO para permitir la ciudadanía por nacimiento!”, escribió en esa red social poco después de salir del edificio.
Y quizá el momento de su salida, al final de todo sea lo más histórico, ver a un Trump salir a media audiencia, derrotado, molesto y quizá con ganas de que Irán sea el que pague los platos rotos el día de hoy.
Aquí hay de 2 sopas:
Una, la barbaridad de quererle quitar a los niños nacidos en suelo americano su derecho constitucional de ser ciudadanos a toda ley.
La otra; cuantas veces no hemos escuchado historias del vecino, del abuelo, del primo lejano, del conocido, que platicaba de como la esposa, sobrina o vecina residente de Ecatepec o Soyapango, que se cruzaba la frontera solo para parir, a expensas de los contribuyentes.
El punto debería ser intermedio, Demócratas y Republicanos deberían de ponerse a trabajar en leyes justas. Porque al final del día, lo que pelea Trump, no es tan descabellado.
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