A pesar de que la administración de Delcy Rodríguez proclama el inicio de un nuevo ciclo político tras la captura de Nicolás Maduro, el regreso de Vladimir Padrino López al gabinete sugiere la continuidad de un modelo basado en el empoderamiento militar. Padrino López, quien batió récords de permanencia al frente del Ministerio de Defensa durante más de 11 años, fue removido de su cargo el pasado 18 de marzo. Sin embargo, su retiro del ámbito de la seguridad fue breve, ya que el 13 de abril fue designado para dirigir el Ministerio para la Agricultura Productiva y Tierras, sustituyendo a Julio León Heredia.
Sobre Padrino López pesa una recompensa de 15 millones de dólares por parte de Estados Unidos, país que lo acusa de narcotráfico y corrupción. Para algunos analistas, su salida de Defensa fue un intento de la mandataria interina por refrescar el liderazgo oficialista y desmontar parte de la estructura madurista. No obstante, su nuevo nombramiento lo sitúa al frente de un despacho que, junto con el de Alimentación —actualmente bajo el mando del mayor general Carlos Leal Tellería—, consolida el manejo de los recursos agrícolas e importaciones en manos de oficiales de alto rango.
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Esta no es la primera vez que el general asume responsabilidades en esta área. Hace diez años, bajo el mando de Maduro, dirigió la Gran Misión Abastecimiento Soberano, un programa que resultó en un fracaso operativo respecto a la escasez de productos básicos, pero que permitió que cientos de militares controlaran rubros específicos, desde carne hasta artículos de higiene personal. Organizaciones como Control Ciudadano denunciaron en su momento la falta de transparencia en la gestión de divisas preferenciales y las importaciones realizadas bajo este esquema de control militar.
El nombramiento se produce en un contexto de transición donde la presidenta encargada busca legitimidad internacional mientras mantiene las bases de poder interno. Al entregarle las riendas de la producción agrícola y la gestión de tierras a Padrino López, el gobierno asegura la lealtad de la facción más poderosa del Ejército. Mientras tanto, los críticos advierten que poner a los militares al frente del negocio de los alimentos ha sido históricamente una fórmula para el clientelismo y la ineficiencia, recordando los periodos de mayor desabastecimiento sufridos por la población venezolana.
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