El gobierno de México ha generado una intensa discusión al confirmar que recurrirá al fracking para fortalecer la industria del gas natural, marcando una diferencia notable con la postura restrictiva mantenida durante el sexenio de López Obrador. Aunque al inicio de su mandato la presidenta Claudia Sheinbaum ratificó el “no al fracking”, recientemente aclaró que su administración está abierta a esta práctica si se emplean nuevas tecnologías. El objetivo central es aprovechar los yacimientos de gas no convencional para fortalecer la soberanía energética del país en este dos mil veintiséis.
La mandataria enfatizó que no se utilizará el fracking tradicional, el cual es cuestionado por el uso intensivo de agua y químicos que pueden contaminar los acuíferos. En su lugar, la apuesta es por técnicas de explotación con menores impactos ambientales que permitan reciclar el agua y evitar el uso de sustancias químicas potentes. Según Sheinbaum, estos avances tecnológicos abren una ventana de oportunidad para que México reduzca su dependencia de las importaciones de gas, siempre priorizando la protección de los recursos hídricos.
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En cuanto al esquema de operación, Sheinbaum descartó tajantemente el regreso a las concesiones o contratos privados “leoninos” de administraciones pasadas. La estrategia se basará en contratos mixtos liderados por Petróleos Mexicanos (Pemex), donde el Estado conserve la mayor parte de los beneficios. Bajo este modelo, la inversión privada podría participar en el desarrollo de los proyectos, pero el control operativo y la mayor parte de la explotación quedarían en manos de la empresa paraestatal para asegurar que la renta petrolera beneficie a la nación.
Este cambio de rumbo responde a la necesidad de aumentar la producción local de gas natural en un contexto global de volatilidad energética. La presidenta insistió en que cualquier proyecto deberá pasar por un riguroso análisis técnico que garantice que no habrá daños ambientales irreversibles. Con esta decisión, el gobierno busca equilibrar la necesidad de crecimiento industrial y soberanía nacional con el compromiso de sostenibilidad, marcando una nueva etapa en la gestión de los hidrocarburos en México.
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