La industria petrolera de Venezuela lucha por deshacerse de los vestigios de años de evasión de sanciones mientras tres buques de la denominada “flota fantasma” permanecen varados en el puerto de José. Los superpetroleros Romana y MS Melenia, junto al buque Galaxy 3, mantienen en sus bodegas un total de cinco millones de barriles de crudo que fueron cargados a mediados de diciembre, justo antes de los cambios políticos radicales en el país.
Estas embarcaciones forman parte de un sistema que anteriormente transportaba más de la mitad de las exportaciones venezolanas hacia compradores en Asia mediante tácticas de ocultamiento. A pesar del alivio de las sanciones estadounidenses otorgado a la nueva administración en este dos mil veintiséis, estos buques no han zarpado y mantienen desactivados sus sistemas de ubicación para evitar la detección internacional.
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La parálisis de estos cargamentos ocurre en un contexto de crisis energética global provocada por el cierre del estrecho de Ormuz y el aumento del precio del crudo por encima de los cien dólares. Mientras empresas transnacionales como Chevron, Vitol y Trafigura han comenzado a gestionar la mayoría de las exportaciones bajo licencias oficiales, estos tres navíos representan el último eslabón de una era de opacidad que el actual gobierno aún no logra resolver.
El valor de los barriles atrapados ha crecido significativamente debido a la escasez mundial de crudos pesados, sin embargo, las razones exactas por las que los buques no han abandonado las zonas de fondeo siguen siendo inciertas. Las imágenes satelitales confirman su presencia a menos de diez millas de la costa, sirviendo como un recordatorio de las complicaciones logísticas y legales que aún enfrenta el principal terminal exportador de Venezuela.
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