El Departamento de Comercio informó este martes que las ventas minoristas y en restaurantes alcanzaron los 752,100 millones de dólares en marzo, lo que representa un crecimiento del 1.7% respecto al mes anterior. Si bien la cifra parece alentadora para la economía, expertos como Ted Rossman, analista de Bankrate, señalan que el dato está distorsionado por el fuerte incremento en los precios de la gasolina, que subieron un 15% solo en el último mes, el mayor salto en 30 años.
Al excluir las estaciones de servicio del cálculo, el llamado gasto minorista básico mostró un avance mucho más modesto del 0.6% mensual. Con el promedio nacional del galón de gasolina alcanzando los 4.02 dólares —frente a los 3.15 dólares de hace un año—, los estadounidenses están destinando una mayor parte de su presupuesto simplemente a llenar el tanque, lo que deja menos margen para otros sectores y genera un efecto dominó en la inflación de productos debido a los costos de transporte.
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El reporte destaca una economía de forma de K, donde los sectores de mayores ingresos mantienen el dinamismo, mientras que los consumidores de bajos recursos enfrentan dificultades crecientes. A pesar de que las devoluciones de impuestos ayudaron a impulsar ventas en muebles y electrónicos, el gasto en bares y restaurantes se desaceleró a su nivel más bajo desde la pandemia, una señal clara de que las familias están recortando gastos discrecionales ante la presión inflacionaria.
Finalmente, el sentimiento del consumidor ha caído a mínimos históricos a pesar de que el mercado laboral se mantiene sólido. Con las tarifas aéreas registrando un incremento del 15% anual y el costo de la vida en aumento, los economistas vigilan de cerca si este nivel de gasto podrá sostenerse o si el alto costo de la energía terminará por frenar el crecimiento económico durante el próximo verano.
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