La consternación y el dolor unieron a los residentes del West Side de San Antonio el pasado domingo durante una vigilia de oración pública. Decenas de personas se dieron cita para rendir homenaje a Adrian, de 5 años, y su hermana Aleeza, de 7, quienes perdieron la vida la mañana del viernes dentro de un automóvil en llamas. El lugar de la tragedia, ubicado en Richland Hills Drive, se ha transformado en un altar improvisado cubierto de osos de peluche, veladoras y arreglos florales que buscan ocultar las severas marcas de quemaduras que aún permanecen sobre el suelo.
La madre de los pequeños, Marlene Vidal, de 34 años y originaria de Edinburg, fue arrestada en la misma escena del crimen y actualmente enfrenta dos cargos de homicidio capital y uno de provocación de incendio. Durante su audiencia, un juez le impuso una fianza total de USD 2,1 millones (un millón por cada cargo de homicidio y 100.000 dólares por el incendio), además de dictar condiciones estrictas en caso de que logre salir libre, como el uso de un monitor GPS localizador, una orden de restricción absoluta y la prohibición de poseer armas de fuego. El Departamento de Servicios para la Familia y de Protección de Texas (DFPS) confirmó que mantiene una investigación abierta bajo estricta reserva institucional.
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A raíz de la tragedia, varios residentes del sector han roto el silencio para describir el alarmante comportamiento que Vidal exhibió en los días previos al siniestro, sugiriendo que atravesaba por una severa crisis de salud mental. Una vecina relató que una semana antes del incidente, la acusada apareció con el cabello completamente rapado asegurando falsamente que padecía cáncer de mama. En otra ocasión, Vidal abordó de forma errática a los colonos afirmando que escuchaba detonaciones de armas de fuego vinculadas a festividades de año nuevo en pleno mayo, lo que denotaba un evidente estado de paranoia.
El padre de los menores identificó a las víctimas y compartió detalles íntimos sobre sus personalidades en una plataforma de recaudación de fondos destinada a sufragar los gastos funerarios. Relató que la pequeña Aleeza soñaba con ser doctora y solía decir que era “un pequeño ángel”, mientras que el menor, Adrian, quien padecía de autismo no verbal, era recordado como un niño sumamente enérgico, cariñoso y valiente. Los asistentes a la vigilia hicieron un llamado urgente a las autoridades para reforzar los canales de asistencia psicológica y comunitaria, lamentando que las recurrentes visitas previas de la policía al hogar de la familia no lograran prevenir el trágico desenlace.
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