La crisis sanitaria comenzó el 1 de abril de 2024, cuando el MV Hondius zarpó desde el sur de Argentina con destino a la Antártida. Los primeros indicios de la enfermedad aparecieron el 6 de abril en un pasajero holandés de 70 años, quien había realizado turismo previo en zonas rurales de Argentina y Chile. Para el 11 de abril, el hombre falleció a bordo por problemas respiratorios. Sin embargo, el barco continuó su ruta hacia el archipiélago de Tristan da Cunha, manteniendo el cuerpo en el navío mientras nuevos pasajeros se integraban a la expedición, lo que facilitó la exposición prolongada al patógeno.
El brote se internacionalizó cuando el cuerpo del primer fallecido fue retirado en St. Helena el 24 de abril. Su esposa, quien ya presentaba síntomas, voló hacia South Africa al día siguiente en un avión con 88 personas a bordo, colapsando y muriendo al aterrizar en el aeropuerto. Simultáneamente, otros pasajeros en el barco comenzaron a mostrar síntomas graves de neumonía, incluyendo a un ciudadano británico que tuvo que ser evacuado de urgencia hacia Ascension Island y posteriormente trasladado a cuidados intensivos en territorio sudafricano. Para el 2 de mayo, una mujer alemana se convirtió en la tercera víctima mortal a bordo, momento en el que finalmente se identificó el brote como hantavirus.
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La World Health Organization (WHO) confirmó que se trata del virus de los Andes, una cepa sudamericana única por su capacidad de transmisión de persona a persona. Ante la gravedad de la situación, el barco navegó hacia la costa oeste de África, donde las autoridades de Cape Verde enviaron equipos médicos pero prohibieron el desembarque. Dos miembros de la tripulación, incluido el médico del barco, resultaron gravemente infectados y tuvieron que ser evacuados en vuelos especializados hacia hospitales en Europa. Finalmente, las Islas Canarias en España aceptaron recibir al navío para el desembarque bajo estrictos protocolos de bioseguridad.
Actualmente, autoridades de salud en United States, Gran Bretaña, Suiza y otros países han iniciado una búsqueda global para aislar a pasajeros que abandonaron el crucero en paradas previas. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades están colaborando en el rastreo de contactos de los vuelos internacionales involucrados para contener una posible propagación fuera de la ruta marítima. Aunque la WHO mantiene que el riesgo para el público general es bajo debido a la dificultad de transmisión, la letalidad mostrada en este brote ha puesto en alerta máxima a las terminales portuarias del Atlántico Sur.
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