La modalidad de financiamiento conocida como Buy Now, Pay Later (BNPL) o “Compra ahora, paga después” se ha consolidado por completo en los hábitos de consumo cotidianos. De acuerdo con una reciente encuesta nacional elaborada por la consultora Gallup, aproximadamente el 50% de los ciudadanos estadounidenses ha recurrido a estos planes de pago a plazos para concretar adquisiciones en plataformas de comercio electrónico. El desglose del estudio revela que un 10% de la población utiliza estos servicios de manera frecuente, un 17% lo hace ocasionalmente y un 24% los emplea raras veces.
El reporte de Gallup encendió alarmas al identificar que el uso de BNPL está fuertemente correlacionado con la vulnerabilidad financiera. Los consumidores de bajos ingresos y aquellos que manifestaron no contar con el dinero suficiente para vivir cómodamente registraron una probabilidad tres veces mayor de recurrir a estos fraccionamientos de pago. Asimismo, las personas que expresaron una alta preocupación por no poder cubrir los pagos mínimos de sus tarjetas de crédito tradicionales son quienes muestran las tasas más elevadas de adopción de servicios provistos por firmas líderes del sector como Klarna, Affirm y Afterpay.
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A pesar de su enorme popularidad y de que grandes emisores bancarios como Chase, Citi y American Express ya integran estas opciones de pago diferido en sus portafolios, la consultora Bankrate advierte que el sistema no está exento de severos riesgos económicos. Una investigación previa de dicha firma reveló que casi la mitad de los usuarios de BNPL experimentaron problemas financieros, entre los que destacan el gasto impulsivo desmedido, el retraso u olvido en las cuotas obligatorias y un profundo arrepentimiento posterior por las compras realizadas.
Ted Rossman, analista principal de Bankrate, explicó que si bien el esquema tradicional de “cuatro pagos sin intereses distribuidos en seis semanas” puede funcionar como una herramienta útil para gestionar el flujo de caja ante gastos imprevistos y necesarios, el panorama cambia drásticamente cuando se extiende a plazos largos de hasta dos años. Rossman enfatizó que los créditos BNPL a largo plazo suelen aplicar tasas de interés tan elevadas como las de una tarjeta de crédito convencional. El experto concluyó que fraccionar montos menores genera la falsa ilusión de que un artículo costoso es más asequible de lo que realmente es, lo que puede convertirse en una peligrosa “trampa de deuda masiva” si se utiliza de manera recurrente para gastos cotidianos como despensa, gasolina o comida a domicilio.
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