El dolor, la indignación y el desconcierto se extienden entre las familias de Austin tras revelarse la magnitud del raid delictivo perpetrado el pasado fin de semana por tres adolescentes. De acuerdo con la nueva declaración jurada presentada ante la corte, los sospechosos dispararon al menos 105 proyectiles en un lapso de 24 horas, dejando un saldo de cuatro personas heridas y decenas de estructuras dañadas a lo largo de la ciudad.
El documento judicial detalla un total de 21 incidentes delictivos interconectados en un solo día, los cuales incluyen 12 tiroteos individuales y el robo de cinco vehículos. Los proyectiles impactaron de forma indiscriminada contra múltiples viviendas particulares, automóviles estacionados y dos estaciones del Departamento de Bomberos de Austin. Entre las víctimas más graves se encuentra un joven de 16 años que permanece internado tras haber recibido 10 impactos de bala. Los médicos informaron que el menor tiene un proyectil alojado en el hígado que, debido a la peligrosidad de la zona, no puede ser extraído quirúrgicamente.
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“Es aterrador. Y ahora es peor porque golpeó directamente a mi familia. Me duele ver a mi nieto allí y no poder hacer nada para cambiarlo. Desearía poder quitarle el dolor para que no tenga que pasar por esto”, expresó entre lágrimas Linda Hernandez-Padila, abuela del menor hospitalizado.
Los análisis balísticos integrados al expediente confirman que todos los casquillos recuperados en las distintas escenas del crimen corresponden a una misma arma: una pistola semiautomática Glock calibre 9 milímetros. Según la investigación, esta arma había sido robada poco antes de la primera agresión de la tienda comercial Central Texas Gun Works.
Videos de cámaras de seguridad privada captaron los momentos en que los adolescentes se desplazaban en los autos robados mientras apuntaban y disparaban desde las ventanillas hacia las fachadas de los inmuebles. Una de las viviendas afectadas fue la de Maria Ronces, donde 10 balas perforaron las paredes exteriores, ingresando directamente hasta la habitación de su hijo. “Es aterrador, simplemente aterrador. Mi mayor temor era por mi perro que estaba adentro. Esto es muy difícil de asimilar”, declaró Ronces ante los medios.
Hasta el momento, el Departamento de Policía de Austin no ha podido establecer un motivo o detonante que explique la conducta de los detenidos. Mientras las investigaciones continúan abiertas para determinar la gravedad de las condenas a las que se enfrentarán los menores, las familias afectadas coinciden en que la tranquilidad de la comunidad quedó fracturada de forma permanente.
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