La relación entre la Casa Blanca y el Vaticano atraviesa su momento más crítico en décadas. El secretario de Estado, Marco Rubio, llegará a Roma este miércoles en una misión diplomática de tres días que tiene como punto central un encuentro de treinta minutos con el papa León XIV el jueves 7 de mayo. Esta visita ocurre en un clima de alta hostilidad, luego de que el presidente Trump llamara al pontífice “débil” y “terrible” en respuesta a las críticas del papa contra la guerra en Irán y las amenazas de destrucción total lanzadas desde Washington.
El conflicto se originó cuando León XIV, el primer papa estadounidense de la historia (nacido en Chicago), calificó de “inaceptable” la retórica bélica de la administración Trump. El pontífice ha mantenido una postura firme, declarando que tiene el “deber moral” de oponerse a la guerra, lo que provocó una ruptura pública que incluso salpicó a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien fue criticada por Trump tras salir en defensa del obispo de Roma. La agenda de Rubio incluye reuniones con Meloni y con el secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, para tratar de alinear posturas sobre desafíos globales.
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Además del conflicto con Irán, se espera que la mesa de diálogo incluya la situación en Cuba. El Vaticano ha sido históricamente un mediador clave entre Washington y La Habana, y en un momento donde la administración Trump aplica su política de “máxima presión” sobre la isla, el papel de la Santa Sede vuelve a ser estratégico. Rubio, quien ya se reunió con León XIV en 2025 junto al vicepresidente J.D. Vance, es visto como el interlocutor ideal por su fe católica y su cercanía previa con el pontífice, quien también posee nacionalidad peruana.
La gira de Rubio es vista por analistas italianos como un esfuerzo por “descongelar” las relaciones sin que el presidente Trump tenga que retractarse de sus palabras. Mientras la oposición italiana exige disculpas públicas por los insultos al papa, la diplomacia vaticana apuesta por su capacidad mediadora para evitar que la grieta con Washington se ensanche. El resultado de este encuentro de treinta minutos el jueves determinará si la Iglesia Católica y la potencia norteamericana pueden volver a colaborar en temas de paz y estabilidad regional o si el distanciamiento se volverá permanente.
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