La administración del presidente Donald Trump ha pisado el acelerador en su estrategia de expansión de la energía nuclear civil para hacer frente a un incremento sin precedentes en la demanda eléctrica nacional. Este repunte en el consumo está impulsado principalmente por el auge de la Inteligencia Artificial (IA) y la masiva edificación de centros de datos por parte de las corporaciones tecnológicas. En este contexto, el secretario de Energía, Chris Wright, encabezó una comitiva en los laboratorios federales de Idaho para conmemorar los recientes avances de la industria y afianzar la posición regulatoria de los nuevos reactores comerciales.
Como parte de este despliegue masivo, el gobierno federal anunció la disponibilidad de una bolsa de $17,500 millones de dólares en préstamos gubernamentales destinados al financiamiento de 10 nuevos reactores nucleares de gran escala a lo largo de la Unión Americana. “Vamos a construir esas plantas tan rápido y con tanto orgullo como nos sea posible”, enfatizó Wright durante su pronunciamiento técnico, resaltando que la revitalización de la infraestructura pesada es indispensable para sostener la soberanía energética de los Estados Unidos frente a las proyecciones tecnológicas globales.
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De forma paralela a los megaproyectos, el Departamento de Energía (DOE) presiona de cerca a firmas de innovación privada para acelerar la puesta en marcha de reactores modulares pequeños (SMR) y microrreactores. Una de las empresas punta de lanza es la texana Oklo, cuyo director ejecutivo, Jacob DeWitte, confirmó que trabajan a contrarreloj para cumplir con la meta presidencial de encender su primer reactor comercial antes del Cuatro de Julio, un objetivo de calendario fijado mediante decretos el año pasado. DeWitte destacó que la compañía batió récords de ingeniería al ensamblar su estructura piloto en un periodo de 229 días, traduciendo la teoría en construcción física real.
La administración confirmó que dos nuevos reactores experimentales de última generación alcanzaron la fase de “criticidad” (el estado operativo donde se sostiene una reacción en cadena autoficiente) este mes en las instalaciones de Idaho y Utah, y que un tercer módulo está por entrar en línea en las próximas semanas. Finalmente, el plan nuclear incluye una arista de seguridad nacional coordinada con el Ejército de EE. UU.; las fuerzas armadas evalúan desplegar reactores portátiles para suministrar energía autónoma a bases militares estratégicas en caso de un colapso de la red eléctrica general, reduciendo así la dependencia de las reservas logísticas de diésel frente a escenarios de apagones masivos o ciberataques.
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