El colapso de las Residencias Arichuna en Los Corales, estado La Guaira, se convirtió en el escenario de una dolorosa pero heroica hazaña de amor familiar tras el doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela el pasado 24 de junio. Daniel González, un joyero de 35 años, decidió abandonar su rutina para transformarse en el líder improvisado de las tareas de búsqueda entre los escombros de la estructura. Su único e incansable motor era rescatar el cuerpo de su primo, Félix Astudillo, a quien consideraba un hermano y quien quedó sepultado bajo toneladas de concreto en el segundo piso del edificio.
Ante el uso de maquinaria pesada que ponía en riesgo la integridad de los restos de los fallecidos, Daniel implementó un método manual y meticuloso basado en planos improvisados, fotografías del apartamento y el fuerte olor a descomposición. Autodenominados irónicamente como “sabuesos”, Daniel y un grupo de rescatistas voluntarios e internacionales utilizaron el olfato como su principal guía para excavar túneles precisos en el concreto. Gracias a esta rudimentaria pero efectiva metodología, el grupo logró recuperar intactos una decena de cadáveres, devolviendo la paz a múltiples familias de la zona costera.
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La búsqueda de Daniel culminó tras 18 días de extenuantes jornadas en las que apenas dormía en una pequeña carpa a escasos metros del desastre. Con la ayuda de un cepillo y sus propias manos, descubrió el cuerpo de su primo y pudo identificarlo de inmediato gracias a sus conocimientos previos en ciencias forenses, prestando especial atención a su dentadura. El doloroso hallazgo estuvo acompañado de la recuperación de las pertenencias personales de Félix, incluyendo su billetera, documentos y su teléfono destruido, los cuales Daniel resguardó con profundo respeto y melancolía.
Al cumplir la promesa de no dejar a su hermano atrás, Daniel finalmente se permitió llorar, canalizando en sus lágrimas no solo la pérdida de su primo, sino también el luto acumulado por las víctimas que ayudó a rescatar y por aquellas que aún yacen bajo las ruinas. El doble terremoto en Venezuela ha dejado una cifra trágica de más de 4,500 víctimas fatales, pero también ha revelado historias de resiliencia y solidaridad humana extrema. Para Daniel, la dura labor aún no termina, pues mantiene el firme compromiso de seguir excavando hasta que el último cuerpo reciba una sepultura digna.
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