El presidente Donald Trump firmó un decreto ejecutivo para proclamar de forma oficial el “Día Nacional de la Vieira” (National Scallops Day). El anuncio presidencial se estructuró como una celebración política tras la resolución de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), organismo federal que autorizó la apertura inmediata a la explotación pesquera comercial de la zona protegida conocida como el Northern Edge en Georges Bank, un productivo banco de arena ubicado en el océano Atlántico Norte. Según los argumentos provistos por el Ejecutivo, esta medida desarticulará las regulaciones proteccionistas de gobiernos anteriores para inyectar “millones de libras adicionales” de este molusco al mercado doméstico anual y reactivar la economía de los puertos de la Costa Este.
A través de un pronunciamiento en su plataforma Truth Social, el mandatario estadounidense enfatizó que la reactivación de este santuario marítimo beneficiará directamente los empleos e ingresos de puertos pesqueros históricos como Norfolk en Virginia, Cape May en Nueva Jersey y New Bedford en Massachusetts. Asimismo, Trump vinculó esta apertura con otras acciones previas de su administración orientadas a revertir monumentos nacionales marinos y áreas de reserva ecológica que habían sido decretadas bajo las administraciones de Barack Obama y Joe Biden, tales como las zonas de exclusión que limitaban las faenas de captura de los pescadores de langosta en el Atlántico y un área de medio millón de millas cuadradas en las aguas federales del océano Pacífico.
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Desde la perspectiva de la política económica de la Casa Blanca, el desmantelamiento de estas restricciones ambientales forma parte de una estrategia integral para consolidar la soberanía alimentaria y energética del país, argumentando que los marcos regulatorios previos colocaban en una situación de desventaja competitiva a las flotas pesqueras locales frente a las embarcaciones internacionales que operaban en los límites de aguas territoriales. En contraste, diversas coaliciones de defensa del medio ambiente y científicos especializados en ecosistemas marinos manifestaron su firme oposición a la medida. Los activistas advierten que la pesca de arrastre en Georges Bank amenaza con devastar de forma irreversible los hábitats bentónicos del fondo marino, poniendo en riesgo la sostenibilidad a largo plazo de las propias poblaciones de vieiras y los ciclos de reproducción de la fauna del Atlántico.
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