Una combinación de terrenos inestables, vulnerabilidad geológica y fallas estructurales en las edificaciones intensificó los estragos provocados por dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron a Venezuela a finales del mes de junio. De acuerdo con los balances oficiales presentados, el desastre dejó más de 6.300 personas fallecidas, el colapso total de 190 edificios y daños de consideración en otras 856 estructuras.
Las zonas más castigadas corresponden al estado La Guaira —particularmente sectores costeros como Catia La Mar y Playa Verde— y al municipio Chacao en Caracas. Especialistas de la Sociedad Venezolana de Geólogos explicaron que los terrenos de la región costera, compuestos por suelos poco consolidados, amplificaron la intensidad de las ondas sísmicas y provocaron movimientos de terreno mucho más agresivos.
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A la condición del suelo se sumaron severas deficiencias en el ámbito de la construcción. Evaluaciones técnicas independientes pusieron al descubierto fallas críticas en los anclajes del acero de refuerzo hacia los cimientos. Asimismo, investigaciones periodísticas señalaron irregularidades en las contrataciones de obras públicas destinadas a viviendas sociales construidas en la última década, de las cuales al menos 16 torres de gran altura colapsaron por completo durante los sismos.
En la capital, la mayoría de los edificios afectados en Chacao corresponden a estructuras construidas previo a la actualización normativa de 1967. Mientras los equipos de socorro continúan la remoción de escombros y búsqueda entre las ruinas, ingenieros señalan que la prioridad debe enfocarse en la demolición segura de inmuebles irrecuperables y el reforzamiento estructural de las edificaciones que aún puedan rehabilitarse.
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