Bajo el cielo de octubre y con los edificios del centro de Austin como telón de fondo, Mon Laferte llenó la noche del martes 20 de octubre el Moody Amphitheater de Waterloo Park con su Femme Fatale Tour 2026. Lo que vivieron las cerca de cinco mil personas que abarrotaron el recinto al aire libre no fue un concierto convencional: fue un espectáculo con la ambición, el pulso y la disciplina escénica de una producción de Broadway.
La artista regresó a la capital texana dos años y medio después de su última visita —en mayo de 2024, en este mismo escenario, con el Autopoiética Tour— y lo hizo con una propuesta completamente distinta. Femme Fatale, su más reciente álbum, lanzado a finales de 2025, es un viaje por el jazz de los años veinte, el bolero y la estética del cine negro, y así lo llevó al escenario: un montaje dividido en cuatro actos, con cambios de vestuario, coreografías y una historia que se fue desplegando canción tras canción durante cerca de tres horas.
Una novia con los ojos vendados
La primera imagen bastó para entender que la noche iba en serio. Laferte apareció vestida de novia, con una venda sobre los ojos y las manos amarradas, y desde esa postura de fragilidad arrancó con “Mi hombre”, con una voz que más que cantar, desgarraba. El público se puso de pie y ya no volvió a sentarse.
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Siguieron “Femme Fatale”, “Tormento”, “Veracruz” y “My One and Only”, coreadas palabra por palabra por un público multigeneracional en el que convivían familias, parejas y grupos de amigas que llegaron vestidas al estilo de su ídola. Al caer la noche, las luces de miles de celulares convirtieron el anfiteatro en una constelación.
Silvana Estrada: de telonera a “novia”
La velada abrió con un set breve pero luminoso de Silvana Estrada. La cantautora veracruzana, con su sonido íntimo y una voz que parece suspender el aire, preparó el terreno con la delicadeza que la ha convertido en una de las voces más respetadas de la nueva canción latinoamericana.
Pero su momento más memorable llegó después, cuando volvió al escenario para cantar a dueto con Mon Laferte. Ambas protagonizaron una escenificación de boda entre ellas que arrancó gritos, risas y aplausos, y que se convirtió en uno de los momentos más comentados de la noche. Un gesto teatral, juguetón y cargado de simbolismo, muy en la línea de una artista que nunca ha temido romper esquemas.
Lágrimas sobre el escenario
Lo que distingue a Mon Laferte es que el despliegue de producción nunca se come la emoción. En varias interpretaciones la entrega fue tan intensa que pudimos verla limpiarse las lágrimas en un par de ocasiones. No hubo pose: hubo una intérprete que se deja atravesar por sus propias canciones y que logra que miles de personas sientan lo mismo al mismo tiempo.
Esa vulnerabilidad tiene, además, un contexto. Al anunciar esta gira, Laferte explicó a Billboard que este recorrido por Estados Unidos tenía para ella un peso distinto, en un momento difícil para la comunidad latina del país, y que, aunque la música no cambia la política, sí puede ofrecer algo de esperanza y sentido de comunidad. En Austin, eso se sintió.
Un elenco de toda América Latina y más allá
Parte esencial del espectáculo fue su equipo de músicos y bailarines, un ensamble verdaderamente internacional con artistas de México, Cuba, Italia, Chile y Costa Rica. La banda sostuvo con precisión los giros de un repertorio que salta del jazz al bolero y del rock a la ranchera, mientras el cuerpo de baile dio vida a cada acto con coreografías que reforzaban el aire noir del show. El resultado fue una producción redonda, en la que cada pieza tenía una función.
Una noche para recordar
Entre canciones nuevas y éxitos ya clásicos, Mon Laferte demostró por qué es hoy una de las voces más influyentes de la música latinoamericana, con cinco Latin Grammy y más de 18 millones de oyentes mensuales en Spotify. Pero, sobre todo, demostró que un concierto puede ser mucho más que una sucesión de canciones.
Austin fue la tercera parada texana de la gira, después de Sugar Land e Hidalgo. Este miércoles la cita es en Irving y el viernes en El Paso, antes de seguir hacia Phoenix, la costa oeste y el cierre en el Kia Forum de Los Ángeles el 8 de noviembre.
Quienes estuvieron en Waterloo Park la noche del martes se llevaron algo más que un buen recuerdo: la sensación de haber visto a una artista en plena cumbre, dueña absoluta de su escenario. Austin la despidió de pie, y con ganas de que vuelva pronto.
Visita: http://monlaferte.com