El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, dio un nuevo paso hacia el control absoluto del poder. Su partido, Nuevas Ideas, aprobó reformas constitucionales que permiten la reelección presidencial indefinida y amplían el mandato de cinco a seis años. La medida fue aprobada con 57 votos a favor y solo tres en contra, gracias a la mayoría absoluta que mantiene el oficialismo en la Asamblea Legislativa.
Además, se eliminó la segunda vuelta electoral, lo que reduce las garantías de competencia democrática. La diputada oficialista Ana Figueroa defendió los cambios, alegando que los legisladores y alcaldes ya pueden reelegirse sin límite. También propuso que el actual mandato de Bukele termine en 2027, dos años antes de lo previsto, para unificar las elecciones presidenciales y legislativas en el mismo ciclo.
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Desde 2021, observadores internacionales y opositores han denunciado una estrategia para concentrar el poder. Ese año, el Congreso destituyó a los magistrados constitucionales de la Corte Suprema, considerados el último contrapeso institucional. Luego, los nuevos jueces habilitaron la reelección presidencial, pese a una prohibición expresa en la Constitución. Pese a las críticas, la popularidad de Bukele ha aumentado, especialmente por su política de mano dura contra las pandillas.
Sin embargo, crecen las voces de alerta. La diputada Marcela Villatoro, del partido Arena, denunció que “la democracia en El Salvador ha muerto”. También advirtió que la reelección indefinida fomenta la corrupción y el nepotismo. Organizaciones de derechos humanos han señalado una “ola de represión”, tras la detención de abogados críticos y el cierre de espacios cívicos. Mientras tanto, Bukele mantiene silencio, respaldado por un electorado que celebra sus logros en seguridad.


































