Durante su comparecencia ante el Congreso este 24 de febrero de 2026, el presidente Donald Trump sorprendió a la comunidad internacional al confirmar la recepción de más de 80 millones de barriles de crudo provenientes de Venezuela. Este anuncio formaliza la nueva relación bilateral tras el operativo militar que resultó en la captura de Nicolás Maduro en enero pasado. Trump enfatizó que esta alianza energética, sumada al incremento de la producción interna estadounidense, es una pieza clave para su estrategia de independencia energética bajo el lema “perforar, perforar, perforar”.
El restablecimiento del flujo petrolero fue posible gracias a la rápida flexibilización de las sanciones económicas y a la aprobación de una nueva Ley de Hidrocarburos por parte del Parlamento venezolano. Este marco legal permite, por primera vez en décadas, la entrada masiva de capital privado para reconstruir la deteriorada infraestructura de PDVSA. Actualmente, bajo la gestión de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, el país ha abierto sus puertas a gigantes del comercio de energía como Vitol y Trafigura, quienes ya operan una flota de supertanqueros para trasladar el crudo hacia refinerías en Estados Unidos y Europa.
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Desde el punto de vista logístico, la operación ha alcanzado una escala industrial masiva con el uso de buques tipo Panamax y Aframax, además de la programación de superpetroleros destinados a India para marzo. El crudo pesado Merey, fundamental para las refinerías de la costa del Golfo de México, se está comercializando con un diferencial de precio atractivo, lo que ha generado una reducción en los costos de transporte y una estabilización en los mercados de derivados. Esta dinámica no solo beneficia a las empresas norteamericanas, sino que acelera la inyección de divisas necesaria para la estabilización económica de Venezuela.
Finalmente, este acercamiento marca un cambio radical en la geopolítica del hemisferio occidental, desplazando la influencia de potencias extracontinentales en la región. Trump destacó que “nadie puede creer lo que está viendo”, refiriéndose a la velocidad con la que Venezuela pasó de ser un adversario sancionado a un socio comercial estratégico en menos de dos meses. Con la infraestructura de la terminal de Jose operando al 70% de su capacidad para exportación, se espera que el volumen de envíos continúe creciendo, consolidando una red de suministro que Trump describió como vital para el futuro económico de ambos países.
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