El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado durante el transcurso de este fin de semana que cualquier decisión relacionada con la finalización de la actual guerra en Irán se tomará de manera conjunta y coordinada con el Estado de Israel. Durante una reveladora entrevista telefónica concedida al medio The Times of Israel, el mandatario estadounidense subrayó la estrecha colaboración que mantiene con la nación aliada en medio de este conflicto a gran escala. “Creo que es un poco mutuo”, expresó Trump al ser consultado sobre quién daría la orden definitiva de detener las hostilidades. Aseguró que ambos gobiernos han estado en constantes conversaciones estratégicas y que, si bien tomará una decisión en el momento adecuado, absolutamente todos los factores geopolíticos serán tomados en cuenta antes de ordenar un cese al fuego en la región de Medio Oriente.
En su habitual tono asertivo, Trump aprovechó la oportunidad durante la entrevista para enfatizar el papel crucial que, según él, han jugado tanto su administración como el liderazgo del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la supervivencia de la nación judía. El presidente estadounidense afirmó de manera categórica que Israel habría sido completamente destruido si no fuera por la decisiva intervención y el trabajo en equipo de ambos líderes. “Irán iba a destruir a Israel y a todo lo demás a su alrededor”, sentenció Trump, justificando así la magnitud de la ofensiva militar. Además, proclamó con contundencia que han “destruido un país que quería destruir a Israel”. Al plantearle la posibilidad de que las fuerzas israelíes decidieran continuar la guerra por su cuenta en caso de que Estados Unidos optara por detener sus ataques, Trump desestimó ese escenario afirmando que no cree que “eso vaya a ser necesario”.
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Esta intensa escalada de violencia se originó el mes pasado, cuando las fuerzas armadas de Estados Unidos e Israel ejecutaron una serie de letales ataques con aviones no tripulados (drones) sobre territorio iraní. La ofensiva conjunta fue impulsada por la creciente preocupación de las agencias de inteligencia respecto a que la nación persa estaba avanzando aceleradamente en la construcción y desarrollo de misiles. Como resultado directo de estos bombardeos estratégicos, el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Khameneí, perdió la vida, marcando un hito histórico que ha sacudido la estructura de poder en Teherán. Tras este sorpresivo suceso, su hijo, Mojtaba Khameneí, fue rápidamente nombrado como el nuevo líder del país, asumiendo el control en medio de un clima de extrema tensión y hostilidad.
La controversia política no se limitó únicamente a las acciones militares, ya que Trump también generó un fuerte revuelo diplomático al insinuar que Estados Unidos tendría un nivel de participación e influencia en la elección del próximo líder de Irán. Sin embargo, esta audaz afirmación fue categóricamente rechazada por las altas esferas del gobierno iraní. El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, aprovechó una aparición en el programa “Meet the Press” de la cadena NBC para desestimar por completo las declaraciones del mandatario estadounidense y reafirmar la soberanía de su nación. Araghchi fue tajante al advertir que Teherán no permitirá que absolutamente “nadie interfiera en nuestros asuntos internos”, subrayando con firmeza que el proceso de transición es una cuestión exclusiva del Estado y que corresponde única y exclusivamente al pueblo iraní elegir a su nuevo líder.
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