Este miércoles 15 de abril de 2026, al cumplirse 100 días desde que asumió la presidencia encargada tras la captura de Nicolás Maduro en enero, Delcy Rodríguez manifestó su firme intención de consolidar una relación estratégica y de “largo plazo” con Estados Unidos. En un mensaje difundido tras reunirse con una delegación del Departamento de Energía estadounidense, liderada por el subsecretario Kyle Haustveit, Rodríguez subrayó que su administración trabaja intensamente en reformas legales para atraer inversión extranjera y construir una “agenda de desarrollo compartido” que beneficie a ambas naciones.
El encuentro, que contó con la presencia de la encargada de negocios de EE. UU., Laura Dogu, se centró en la seguridad jurídica necesaria para reactivar la industria petrolera. Rodríguez enfatizó que, aunque las recientes licencias de la OFAC son un avance, los inversores requieren un marco legal estable que no dependa de permisos temporales. Este acercamiento se produce apenas dos meses después de una reforma clave a la Ley de Hidrocarburos, diseñada para abrir el sector a gigantes energéticos como ConocoPhillips y ExxonMobil, marcando un giro radical en la política económica del país.
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Paralelamente, el Departamento del Tesoro de EE. UU. ha comenzado a flexibilizar la presión financiera mediante la emisión de las Licencias Generales 56 y 57. Estas autorizan transacciones con instituciones que estuvieron aisladas por siete años, incluyendo el Banco Central de Venezuela (BCV) y el Banco de Venezuela. Si bien estas medidas no eliminan formalmente las sanciones, permiten que el sistema bancario venezolano se reintegre progresivamente al circuito internacional bajo la supervisión de Washington, manteniendo restricciones estrictas sobre pagos en oro o vínculos con países como Rusia e Irán.
Este es el tercer contacto de alto nivel entre Caracas y Washington en menos de tres meses, evidenciando una normalización acelerada de las relaciones diplomáticas que se fracturaron en 2019. Rodríguez aprovechó la plataforma para solicitar directamente al presidente Donald Trump el cese definitivo de las medidas coercitivas, argumentando que la estabilidad de Venezuela es fundamental para la seguridad energética regional. En este dos mil veintiséis, la “agenda conjunta” parece avanzar sobre la base de la reconstrucción económica y el pragmatismo petrolero.
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