La visa “Gold Card” del presidente Donald Trump, presentada como una solución de élite para atraer inversión extranjera y reducir la deuda nacional, enfrenta su primera gran prueba de credibilidad y los números no mienten.
Según un documento legal presentado esta semana por la propia Casa Blanca, solo 338 personas han solicitado la visa, de las cuales únicamente 165 han pagado la cuota no reembolsable de $15,000 necesaria para avanzar en el proceso. Apenas 59 han completado el siguiente paso: llenar los formularios del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
Esto contrasta fuertemente con las declaraciones del Secretario de Comercio Howard Lutnick, quien en febrero afirmó que 250,000 personas estaban “en fila” para obtener la visa y que el programa había generado $1,300 millones en ingresos. La semana pasada, el propio Lutnick reconoció que solo una persona había sido aprobada y pagado el millón de dólares.
Trump anunció el programa en diciembre prometiendo que sería una vía rápida para que personas adineradas obtuvieran residencia en Estados Unidos, ayudaran a reclutar talento internacional y contribuyeran a reducir la deuda del país. “Quite a beautiful thing”, dijo el presidente, sosteniendo una tarjeta dorada con su rostro.
Sin embargo, el documento judicial también revela que la Gold Card no ofrece procesamiento acelerado. Según el gobierno, los solicitantes no saltarán ninguna fila ni desplazarán a otros applicants de las categorías EB-1 y EB-2 — los mismos programas que la Gold Card supuestamente mejoraría.
“El volumen de trabajo del programa Gold Card es bastante pequeño”, señaló la funcionaria del DHS Cara Selby en el documento. Solo seis adjudicadores están asignados al programa.
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El abogado de inmigración Leon Fresco, socio de Holland & Knight, advirtió que si el gobierno solo entrega las tarjetas al final del año cuando no haya exceso de solicitudes, “el elemento de velocidad de la Gold Card queda socavado”.
El programa enfrenta además una demanda judicial de profesores universitarios y otros grupos que argumentan que la Gold Card viola ilegalmente los programas EB-1 y EB-2, diseñados para atraer inmigrantes con talento extraordinario.
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