En medio de una creciente ola de especulaciones sobre una posible reactivación de las operaciones militares contra Teherán, el presidente Donald Trump confirmó este jueves que su administración sostiene canales de comunicación activos con el régimen iraní y aseguró categóricamente que las Fuerzas Armadas estadounidenses no perpetrarán nuevos ataques bélicos antes de los comicios intermedios del próximo 3 de noviembre. A través de un pronunciamiento emitido en sus redes sociales, el mandatario aseveró que, si bien la nación persa atraviesa un severo deterioro económico y militar y el bloqueo naval continuará en plena vigencia operativa, Washington evitará cualquier ofensiva armada en el corto plazo para no intensificar las tensiones bélicas antes de que los ciudadanos acudan a las urnas.
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El giro en el discurso presidencial contrasta con sus declaraciones pronunciadas a finales de septiembre ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), donde había afirmado que el calendario electoral no influía en sus determinaciones de seguridad nacional. Tras más de siete meses de hostilidades —cuyo objetivo inicial se fundamentó en erradicar la amenaza de armamento atómico—, la reapertura y normalización del flujo petrolero a través del estrecho de Ormuz se ha convertido en la máxima urgencia de la política exterior estadounidense, especialmente al constatarse que la interrupción del tráfico de hidrocarburos alimenta la inflación interna y debilita el mensaje de los candidatos republicanos respecto al control del costo de vida. En el ámbito diplomático, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, confirmó que Teherán recibió la postura oficial de la Casa Blanca en respuesta a un plan de siete días propuesto para reiniciar las conversaciones nucleares, adelantando que emitirán una contestación formal en los próximos días.
La determinación de pausar las acciones bélicas coincide con un marcado deterioro en el respaldo popular hacia la intervención armada. Una reciente encuesta elaborada por Associated Press-NORC reveló que el 69 % de los ciudadanos estadounidenses considera que la guerra contra Irán no ha valido la pena —un incremento de cinco puntos en comparación con las mediciones de julio—, mientras que alrededor de la mitad de la población manifiesta una preocupación extrema por el encarecimiento de la gasolina al llenar el tanque de sus vehículos. Asimismo, el 65 % de los consultados responsabilizó directamente a las decisiones de la administración Trump por las persistentes presiones inflacionarias, contexto en el cual el mandatario reiteró en actos de campaña que, una vez concluido el conflicto, los precios internacionales del crudo registrarán un drástico descenso en beneficio de los consumidores.
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