Elefante, llegó con todo el peso de tres décadas de trayectoria y la energía de una banda que todavía tiene mucho que decir. Sin duda, la noche del primer sábado de abril quedará grabada en la memoria aquellos fanáticos de Austin, que llegaron a Mala Santa Discoteca en el sur de la ciudad, a recordar esas décadas de éxitos.
El lugar se fue llenando hasta que no quedó un espacio libre. Fans en su mayoría cuarentones, que crecieron escuchando los éxitos del grupo se mezclaron con nuevos fans que descubrieron su música gracias a las plataformas digitales. y seguramente la herencia de sus padres. Eso es, precisamente, la prueba de que Elefante no es solo nostalgia: es vigencia.

La noche arrancó con fuerza desde los primeros acordes. Javi Cantero, Luis Pórtela, Iguana, Ahis y Rafa López tomaron el escenario y desde ese momento no soltaron al público. Temas como “Que noche la de anoche”, “Ven” y “La condena” abrieron el camino de un recorrido musical que no dejó a nadie inmóvil. El repertorio fue un viaje emocional: canciones que marcaron generaciones sonaron una tras otra mientras la multitud las cantaba de principio a fin.

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Uno de los momentos más emotivos de la velada llegó con “Durmiendo con la luna”, cuando el vocalista pidió al público encender las luces de sus teléfonos en homenaje a quienes ya no están. El recinto se transformó en un mar de luces mientras la canción llenaba cada rincón de Mala Santa con una carga sentimental difícil de describir.

Cantero también se tomó unos minutos para dirigirse a su público de manera directa: “Hace 30 años comenzó con mucha fe y perseverancia este sueño que nos trajo hasta aquí. Lo que andábamos buscando eran a ustedes”, dijo, visiblemente emocionado ante una sala que respondió con una ovación cerrada.

La sección acústica del concierto fue otro punto alto. “Abandonao”, “Mariposas” y “Resplandor” le dieron al show un momento de intimidad que contrastó perfectamente con la energía del resto de la noche. Y cuando llegó la recta final, con “Mentirosa” y “Sabor a chocolate”, Mala Santa se convirtió en una sola voz colectiva que no quería que la noche terminara.
Pero la noche no terminó con Elefante. La Banda Inspector cerró el evento y se encargó de mantener el ambiente encendido hasta el final, regalando al público de Austin una segunda dosis de música en vivo que completó una velada verdaderamente memorable.

Tres décadas de carrera, una discoteca en el sur de Austin, un lleno total y una audiencia entregada. Eso es todo lo que hace falta para entender por qué Elefante sigue siendo, hoy más que nunca, una de las bandas más sólidas de la música en español.

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