El bolsillo de los tejanos enfrenta una presión severa debido a la escalada de los precios del combustible, impulsada por el conflicto bélico que comenzó el pasado 28 de febrero de 2026. Según datos de la AAA, el precio promedio del galón de gasolina en Texas dio un salto drástico, pasando de USD 2,55 a inicios de febrero a ubicarse en USD 4,52. El detonante principal de esta crisis es el cierre del Strait of Hormuz por parte de Irán, un corredor marítimo vital por el que transita una quinta parte del suministro mundial de petróleo, con un valor comercial estimado en USD 600.000 millones anuales. La preocupación social es evidente: un sondeo de The Texas Politics Project reveló que el 61% de los votantes registrados en el estado se declaró “muy preocupado” por esta situación.
El costo de la gasolina en las estaciones de servicio está ligado directamente al precio del barril de crudo, los costos de refinación, la logística de transporte y los impuestos locales, como la tasa estatal de Texas de 20 centavos por galón. Aunque este escenario golpea a los consumidores, ha representado una bonanza financiera para las corporaciones energéticas. Todd Staples, presidente de la Texas Oil and Gas Association, destacó que durante el año fiscal 2025 la industria aportó USD 27.000 millones en regalías e impuestos estatales y locales (unos USD 74 millones diarios), fondos que el gobierno destina a escuelas públicas, carreteras y primeros auxilios. A pesar de las altas ganancias actuales, analistas de la revista Fortune señalan que las empresas prefieren maximizar la producción en pozos existentes antes que invertir en costosas perforaciones nuevas, debido a la incertidumbre sobre la duración de la guerra.
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Como medida de mitigación, el gobierno federal activó la Reserva Estratégica de Petróleo —la más grande del mundo, resguardada en complejos subterráneos que incluyen a Houston y Beaumont—, ordenando la liberación de 172 millones de barriles a lo largo de 120 días desde mediados de marzo. Históricamente, el Departamento del Tesoro estima que este tipo de intervenciones masivas reduce los precios en unos 17 centavos por galón. Sin embargo, debido a que el consumo diario en los Estados Unidos ronda los 20 millones de barriles, el uso de las reservas estratégicas representa únicamente un alivio paliativo a corto plazo que no soluciona el desbalance de la oferta global.
La estabilización definitiva de los precios demorará un lapso considerable. Ed Hirs, profesor de economía energética de la University of Houston, advirtió que para regresar a la normalidad se requiere restablecer el tráfico marítimo en el estrecho —proceso que el Pentágono estima tomaría seis meses tras el fin de las hostilidades— y que naciones como Kuwait, Iraq, Bahrain y los UAE reactiven sus pozos comerciales. Adicionalmente, el mercado minorista experimentará el fenómeno económico de “cohetes y plumas”, donde los precios en las gasolineras suben de forma inmediata ante las crisis pero descienden con extrema lentitud. Bajo el escenario más optimista, Hirs anticipó que los costos al consumidor tardarán entre seis y nueve meses en normalizarse una vez que se firme un acuerdo de paz.
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