En un escenario global donde cada vez más naciones legislan para restringir el acceso de los adolescentes a las plataformas digitales, la comunidad médica y jurídica ha comenzado a trazar un paralelismo histórico entre el ecosistema tecnológico actual y las corporaciones tabacaleras del siglo pasado (Big Tobacco). No obstante, especialistas en salud mental advierten que estas medidas regulatorias enfrentan un severo rechazo por parte de los jóvenes y están destinadas al fracaso si no se cuenta con el respaldo coordinado de los padres de familia y los centros educativos.
En una intervención para The National News Desk, el Dr. Mark McDonald, psiquiatra especialista en niños y adolescentes, analizó la frustración de los menores ante las leyes restrictivas evaluadas o implementadas en países como Australia, Indonesia, Malasia, Canadá y el Reino Unido. Ante las quejas de estudiantes de entre 11 y 14 años que afirman que sin pantallas solo les quedaría “quedarse mirando fijamente a la pared”, McDonald señaló que dicha respuesta es clínicamente predecible. “No me sorprende en absoluto, porque cuando le quitas a un niño algo que le hace daño, pero a lo que es adicto, va a haber una reacción”, explicó, equiparándolo a retirar el acceso ilimitado a la comida chatarra.
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El especialista detalló que, antes de cumplir los 18 años, los jóvenes pasan un promedio de 8 a 12 horas diarias conectados a un dispositivo móvil, una cifra que llega a incrementarse hasta las 14 o 16 horas durante la etapa universitaria debido a la portabilidad del teléfono. Desde la perspectiva neurológica, McDonald fue categórico al definir la naturaleza de las aplicaciones de Meta, TikTok y Google: “Es en realidad una droga; actúa como una droga”, precisó, detallando que las interfaces provocan una descarga de dopamina en el cerebro similar a la que generan las apuestas, utilizando algoritmos basados en el “refuerzo intermitente” para mantener cautivo al usuario.
Respecto a la analogía de que el social media atraviesa su propio “momento Big Tobacco” debido a la ola de demandas por daños a la salud pública, el psiquiatra identificó una diferencia cultural crítica en el comportamiento de los tutores. A diferencia del tabaco —donde históricamente los padres reprendían y confiscaban los cigarrillos a sus hijos—, en la actualidad son los propios adultos quienes compran los teléfonos inteligentes como obsequio para los menores y toleran su uso para evitar confrontaciones domésticas.
Finalmente, McDonald argumentó que la combinación de alianzas multimillonarias entre agencias publicitarias y firmas tecnológicas, sumada al temor de los padres de enfrentar el “síndrome de abstinencia” de sus hijos, restará eficacia a cualquier ley que intente prohibir de forma generalizada el uso de internet. En su lugar, el especialista se pronunció a favor de regulaciones focalizadas en los entornos escolares, aplaudiendo normativas como la restricción de celulares adoptada por el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD), la cual retiró las pantallas a más de 600,000 estudiantes durante la jornada académica. “Eso es enorme, porque esencialmente retira la droga del cerebro de los niños durante al menos ocho horas al día”, concluyó.
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