Hay fechas que una nación no puede ni debe olvidar. El 2 de octubre de 1968 es una de ellas. En esta entrevista exclusiva para AustinLatino.com, Jorge Iturralde conversó con Ignacio López Avilés, estudiante universitario que aquella tarde estuvo a las puertas de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco y presenció desde afuera uno de los episodios más oscuros de la historia moderna de México. Hoy vive en Austin, Texas, y carga la memoria de lo que vivió con la misma claridad y el mismo coraje de aquel muchacho de preparatoria.
Cómo empezó todo: una pelea entre escuelas
Don Ignacio lo explica con precisión: el movimiento estudiantil del 68 no nació de una gran idea política sino de algo cotidiano. Una pelea entre estudiantes del Instituto Politécnico Nacional y de la Universidad Nacional Autónoma de México, dos comunidades que en aquella época se miraban con rivalidad natural. Los granaderos llegaron a dispersar el pleito y lo hicieron con una brutalidad desproporcionada que unió a ambos bandos en lugar de separarlos.
A partir de ese momento, politécnicos y universitarios empezaron a caminar juntos con una demanda inicial concreta: que se respondiera por la violencia ejercida contra estudiantes. Con el tiempo, la exigencia creció y se convirtió en algo más profundo: un cuestionamiento directo a la manera en que el gobierno del PRI controlaba la vida pública, los medios de comunicación y la narrativa de lo que pasaba en el país.
“Originalmente estábamos pidiendo que se respondiera por los granaderos que nos habían atacado. De ahí se generó todo el problema del 68.”
Un muchacho de prepa que no le dijo nada a sus papás
Don Ignacio entró a la Preparatoria Número 8 de la UNAM en Barranca del Muerto en 1968, el mismo año en que comenzó todo. Su número de cuenta universitaria empezaba con el 68, como si la historia ya estuviera marcando su generación desde el primer día.
Sus padres nunca supieron que participaba en el movimiento. Les decía que estaba en la escuela. Pero él sí sabía que el riesgo era real: en la marcha del silencio sobre Avenida Coyoacán y Parroquia, vio a su hermano menor, que estaba en secundaria, intentar unirse al contingente. Lo mandó de regreso a casa.
“Vete de aquí. No quiero que te metas en este problema. El ejército está en Félix Cuevas. Ahí está todo el contingente con tanquetas.”
El hecho de haberlo mandado a su casa y haberse quedado él es uno de los momentos que más pesan en la memoria de don Ignacio. Sabía que había peligro. Y aun así siguió.
El 2 de octubre: llegó tarde y no pudo entrar
La tarde del 2 de octubre de 1968, Ignacio López Avilés se dirigió a la Plaza de las Tres Culturas. Llegó tarde. Cuando intentó entrar, el ejército ya había rodeado el lugar completamente. No entraba ni salía nadie. Hicieron, como él mismo lo describe, una burbuja.
No había teléfonos celulares. No había forma de avisar a quienes estaban adentro que el ejército los tenía cercados. No había manera de saber lo que iba a pasar.
Se quedó afuera. Vio las bengalas. Escuchó las detonaciones. Y cuando empezaron a llegar las ambulancias y, más adelante, los camiones de basura a recoger los cuerpos como si fueran desperdicios, lo vio todo desde afuera, sin poder hacer nada.
“Me dio más coraje que miedo. Impotencia y odio por lo que ese gobierno representaba.”
Los amigos que no regresaron
Don Ignacio perdió amigos esa noche. No de la manera en que se pierde a alguien en un accidente o en una enfermedad. Los perdió de la manera en que se pierde a alguien cuando simplemente deja de estar y nadie da explicaciones: no volvieron a su casa. Desaparecieron. Sus familias nunca encontraron respuestas oficiales.
Al día siguiente, los medios dijeron que todo estaba en calma. Que habían sido 17 muertos, una cifra que don Ignacio recuerda con amargura porque las fotografías que circularon en un periódico de la época, el único que se atrevió a publicar imágenes, contaban una historia muy diferente.
El 2 de octubre como parteaguas
Para don Ignacio, la masacre de Tlatelolco fue el momento en que México empezó a despertar políticamente. En los mítines estudiantiles, una de las demandas constantes era precisamente esa: politizar a la gente, hacerle saber lo que estaba pasando en su país. Porque Televisa, que era entonces el único canal masivo, difundía lo que el gobierno quería que se dijera. Si Jacobo Zabludowski lo decía, era verdad. Así funcionaba el sistema.
El movimiento estudiantil del 68 rompió esa lógica por primera vez a escala nacional. No de inmediato, no sin costo, pero lo rompió.
“Desde entonces la gente en México empezó a despertar. A politizarse. A saber exactamente lo que estaba pasando. Antes no lo sabíamos porque Televisa era lo único y lo que decía era la verdad.”
Austin, la reforma migratoria y el espíritu que no se apaga
Ignacio López Avilés lleva años viviendo en Austin, Texas. Dice que Estados Unidos le cambió la vida, aunque añora México. Y aunque el contexto es diferente, el espíritu es el mismo: participó en las primeras marchas por la reforma migratoria que recorrieron el Congress Avenue, las mismas que movilizaron a miles de personas de la comunidad latina en Austin hace ya varios años.
La entrevista cerró con un mensaje que don Ignacio dice que le daría a sus nietos: que no olviden sus ideales, que lo que uno es determina lo que hará en el futuro, y que la opresión siempre lleva a un final que, si hay suerte, representa el cambio de una nación.
“Ese espíritu con el que nacemos lo llevamos dentro. Y yo creo que podemos hacer algo para cambiar este mundo.”
Esta entrevista fue realizada por Jorge Iturralde para AustinLatino.com como parte de la cobertura de la memoria histórica de la comunidad mexicana en Austin, Texas. Síguenos en nuestras redes sociales como @AustinLatinTV.























