La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, informó que la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) logró estabilizar su producción en 1.2 millones de barriles diarios, alcanzando el objetivo fijado para el cierre de 2025 con varios días de antelación. Este resultado es presentado por el Ejecutivo como un triunfo del “Plan de Independencia Productiva”, destacando que la recuperación operativa de los pozos y las refinerías se ha logrado gracias al esfuerzo técnico de la fuerza laboral nacional. Para el gobierno de Caracas, este incremento no solo es una cifra económica, sino un símbolo de soberanía en un momento donde la industria energética global enfrenta una alta volatilidad y el país busca desesperadamente ingresos para su economía interna.
El logro petrolero se da en un contexto de hostilidad externa sin precedentes. Hace apenas una semana, Washington endureció su postura mediante la implementación de un bloqueo total que prohíbe el ingreso o salida de buques vinculados al comercio de crudo venezolano. Esta medida se materializó recientemente con la incautación de un petrolero por parte de las autoridades estadounidenses, bajo el argumento de que la embarcación intentaba evadir las sanciones internacionales. Según el Departamento de Seguridad Interior de EE. UU., estas acciones son parte de una política de “tolerancia cero” diseñada para asfixiar las fuentes de financiamiento del gobierno venezolano, lo que ha convertido las rutas marítimas del Caribe en un escenario de constante fricción geopolítica.
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Paralelamente al bloqueo energético, Estados Unidos ha desplegado una ofensiva militar bajo la denominación de “Lanza del Sur”. Aunque el Pentágono describe esta operación como una campaña masiva contra el narcotráfico —informando la destrucción de 29 embarcaciones ilícitas y la baja de 104 personas vinculadas a redes criminales—, el gobierno de Venezuela interpreta estas acciones como una fachada para una intervención más profunda. Para la administración de Nicolás Maduro, el despliegue de buques de guerra en las cercanías de sus aguas territoriales busca amedrentar a los socios comerciales de PDVSA y generar un clima de inestabilidad que fuerce un cambio político en el país, utilizando la lucha contra las drogas como un pretexto estratégico.
A pesar de los desafíos, la vicepresidenta Rodríguez calificó el éxito productivo como un “regalo de Navidad” para la población y aseguró que la empresa ya tiene la mirada puesta en los objetivos de 2026. La estrategia de PDVSA ahora se centra en consolidar una estructura operativa que pueda funcionar de manera autónoma, minimizando la dependencia de tecnologías o servicios estadounidenses que puedan ser objeto de nuevas sanciones. La narrativa oficial subraya que la resiliencia del personal técnico ha sido la clave para sortear las dificultades de mantenimiento y logística provocadas por el bloqueo, reafirmando su intención de seguir incrementando la extracción de crudo como el eje central de la recuperación económica nacional frente a la presión de Washington.


































