El Departamento de Salud del Estado de Nueva York ha emitido una alerta crítica tras confirmar que las hospitalizaciones por gripe han alcanzado su nivel más alto desde que se tiene registro. Con un total de 4,546 ingresos hospitalarios reportados en la última semana de diciembre de 2025 y la primera de 2026, el sistema sanitario estatal enfrenta una presión operativa inusual. Esta cifra representa un incremento de casi mil pacientes adicionales respecto al periodo anterior, situando a la región en una de las categorías de actividad viral más elevadas según los parámetros de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
La raíz de esta crisis se encuentra en la propagación dominante de la variante subclade K del virus influenza A (H3N2). Esta cepa en particular se caracteriza por provocar cuadros clínicos de mayor severidad y una rápida transmisión, afectando incluso a segmentos de la población que habitualmente no presentan complicaciones graves. La particularidad de esta variante radica en su capacidad para generar síntomas debilitantes, como fiebres persistentes y una fatiga muscular extrema, lo que eleva significativamente el riesgo de neumonía y complicaciones respiratorias agudas incluso en pacientes jóvenes sin patologías previas.
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Ante la saturación de las salas de urgencias en la ciudad de Nueva York y zonas aledañas, los directores de los principales centros hospitalarios han reportado una escasez de personal sanitario disponible, agravada en parte por el contagio entre el propio personal de primera línea. Esta situación ha obligado a algunas instituciones a reprogramar cirugías no urgentes con el fin de priorizar la atención de pacientes respiratorios críticos y optimizar el uso de las unidades de cuidados intensivos. El impacto se extiende también al ámbito económico, donde el aumento del ausentismo laboral y la demanda masiva de fármacos antivirales han generado una tensión adicional en la cadena de suministros de las farmacias locales.
A nivel federal, la situación es igualmente preocupante, con más de 11 millones de contagios estimados y una tasa de consulta ambulatoria del 8%, el valor más alto documentado desde finales de la década de los noventa. Frente a este escenario, el comisionado de salud estatal ha enfatizado la importancia de la intervención médica temprana. El uso de tratamientos antivirales dentro de las primeras 48 horas tras la aparición de los síntomas es fundamental para reducir la duración de la enfermedad y evitar desenlaces fatales. Se espera que la actividad viral mantenga su intensidad máxima durante el resto del trimestre, lo que obliga a mantener la infraestructura hospitalaria en estado de contingencia permanente.


































