El sector de los supermercados de descuento e hipermercados se ha consolidado como el gran ganador de 2026, registrando crecimientos cercanos al 9.1%. Ante la presión de la inflación, las familias de clase media han abandonado las cadenas premium para refugiarse en establecimientos que ofrecen precios competitivos. Dentro de estos comercios, la venta de alimentos básicos y productos de uso doméstico lidera la demanda, ya que los consumidores priorizan lo esencial frente a los artículos de lujo, una tendencia que los analistas denominan “compra racional por necesidad”.
Las marcas blancas o de distribuidor están viviendo su mejor momento histórico, alcanzando cuotas de mercado sin precedentes en categorías como limpieza, farmacia y cosmética, donde el crecimiento ha llegado hasta el 11%. La clase media ya no percibe estos productos como de menor calidad, sino como una herramienta inteligente para proteger su presupuesto mensual. Este cambio de mentalidad ha obligado a las grandes marcas nacionales a repensar sus precios y promociones para no perder definitivamente a un consumidor que se ha vuelto extremadamente sensible al costo.
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El mercado de reventa y artículos de segunda mano ha experimentado un resurgimiento masivo, impulsado por plataformas digitales que facilitan la compraventa desde casa. Sectores como el de la indumentaria y calzado, que crecieron un 13.2% en términos generales, deben gran parte de su dinamismo al comercio circular. Los consumidores prefieren adquirir bienes duraderos usados o de temporadas anteriores antes que invertir en moda rápida nueva, permitiéndoles mantener su estilo de vida sin comprometer sus ahorros para el pago de vivienda o servicios básicos.
Finalmente, los servicios de mantenimiento y reparación del hogar han sustituido a las grandes inversiones inmobiliarias o remodelaciones de lujo. En lugar de mudarse o comprar muebles nuevos, la clase media está invirtiendo en reparaciones puntuales y acondicionamiento del hogar, sector que creció un 24.5%. Esta tendencia refleja un enfoque de “preservación de activos”, donde el objetivo es alargar la vida útil de lo que ya se posee. La planificación financiera de 2026 se centra en la eficiencia, convirtiendo al ahorro tradicional en una estrategia activa de gestión de patrimonio para el ciudadano promedio.


































