La seguridad de las rutas comerciales más críticas del mundo colapsó este sábado 28 de febrero de 2026 tras la ofensiva coordinada de Estados Unidos e Israel contra el régimen de Irán. El Departamento de Transporte norteamericano instó a toda la flota mercante a evitar el Estrecho de Ormuz, el Golfo Pérsico, el Golfo de Omán y el Mar Arábigo, señalando que estas zonas están sujetas a una importante actividad militar que pone en riesgo inminente la navegación civil. La medida busca prevenir incidentes en medio de la lluvia de misiles y drones que actualmente cruza la región desde múltiples frentes.
Simultáneamente, el gobierno de Qatar tomó la decisión drástica de suspender todo el transporte marítimo en sus aguas jurisdiccionales debido a reportes de explosiones cerca de sus costas y ataques dirigidos hacia la base de Al Udeid. Este bloqueo naval en un punto neurálgico amenaza con paralizar el suministro global de hidrocarburos, considerando que por el Estrecho de Ormuz transita aproximadamente la quinta parte del consumo mundial de petróleo líquido. La parálisis logística se extiende al sector aéreo, donde gigantes como Lufthansa, Air France, Turkish Airlines y Air India cancelaron de inmediato todas sus operaciones hacia y desde Oriente Medio.
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En el epicentro del conflicto, la capital iraní permanece bajo densas columnas de humo tras registrarse al menos tres detonaciones de gran magnitud en su centro administrativo y militar. Agencias locales como Fars e IRNA confirman que la situación es crítica, mientras el régimen intenta coordinar una respuesta defensiva bajo un apagón digital casi total impuesto por las autoridades. Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel mantienen el estado de emergencia máxima y ordenaron a su población permanecer en refugios antiaéreos ante la detección de oleadas de proyectiles balísticos lanzados desde territorio persa en represalia.
La magnitud del enfrentamiento superó rápidamente los límites de un conflicto bilateral, afectando instalaciones estratégicas en Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, donde la sede de la V Flota estadounidense fue blanco de impactos directos. Con el transporte marítimo y aéreo interrumpido, la economía global enfrenta un choque de suministros inmediato y una volatilidad extrema en los mercados energéticos. Mientras tanto, las representaciones diplomáticas occidentales en el Golfo operan bajo estrictos protocolos de evacuación, advirtiendo que el área se ha transformado en un teatro de guerra activa de alta peligrosidad.
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