Este jueves 19 de febrero de 2026, el primer ministro Benjamin Netanyahu elevó el tono de la confrontación regional durante una ceremonia de graduación de oficiales del Ejército en Jerusalén. Ante los nuevos mandos de las FDI, el mandatario aseguró que Israel no solo está preparado para cualquier escenario, sino que responderá con una contundencia sin precedentes si el régimen de los ayatolás comete el “error” de atacar directamente. “Se enfrentarán a una respuesta que no pueden ni imaginar”, sentenció el líder israelí, en un mensaje diseñado para reforzar la disuasión en un momento de máxima tensión en el Golfo.
La advertencia de Netanyahu coincide con declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien desde Washington ha fijado un plazo de aproximadamente diez días para decidir el futuro de la relación con Irán. Trump ha señalado que, aunque prefiere un acuerdo diplomático para desmantelar el programa nuclear de Teherán, no descarta “ir un paso más allá” si las conversaciones no prosperan. Este ultimátum se produce mientras el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner mantienen diálogos en Omán, intentando forzar un pacto que incluya el fin del enriquecimiento de uranio y del apoyo a milicias regionales.
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Por su parte, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, respaldó las palabras del primer ministro instando a Irán a no poner a prueba la determinación de un “pueblo unido y un ejército fuerte”. Las demandas de Israel para cualquier pacto negociado por Washington son estrictas: el desmantelamiento total de la infraestructura nuclear, la limitación del alcance de los misiles balísticos iraníes a un máximo de 300 kilómetros (para que no alcancen territorio israelí) y el cese inmediato del financiamiento a grupos como Hezbolá y los rebeldes hutíes.
Mientras el Pentágono mantiene a sus unidades aéreas y navales en estado de alerta máxima, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, ha respondido con cautela, afirmando que su país no desea la guerra pero que no aceptará que se le imponga la voluntad de potencias extranjeras. La incertidumbre domina el escenario global, pues la posibilidad de un ataque preventivo sobre instalaciones nucleares iraníes por parte de EE. UU. e Israel parece estar más cerca de materializarse que en cualquier otro momento de la última década, dependiendo exclusivamente de los avances diplomáticos en las próximas 240 horas.
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